Profeta de calamidades

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TODO SEA PARA LA GLORIA DE DIOS


6/6/2018

Mi Señor: luchando día a día contra mis debilidades y mi pobre humanidad, aquí estoy dispuesta a servirte en la escucha de Tus Santas Palabras que, en medio de mis trabajos cotidianos, en mi hogar, me llamas a servirte, hablándole a mi pobre corazón. Pues, conoces nuestros corazones y nuestros pensamientos aun antes de expresarte nuestros deseos y necesidades nuestras dudas y temores, para seguir haciendo Tu Voluntad Divina y darte gloria, y con ello ir purificando nuestras almas de nuestros numerosos pecados y debilidades. Amén, amén, amén.

 

Bien decís, alma Mía, que todo cuanto hace el hombre debe ser para Mi Gloria y Honor, y aún en medio de los trabajos cotidianos e insignificantes, si son hechos con amor y puestos al servicio del hermano, os van purificando el alma, y Me dan Gloria y honor a Mí, Dios del universo.

Dudas e incertidumbre hay en los corazones de los hombres, por cuánto está sucediendo en esta tierra, y está por suceder, aún por cuántos eventos ha detenido Mi amor y Mi Misericordia.

Purificación necesita esta tierra y sus moradores, por cuánto se han olvidado de Mí, su Dios y Señor, y han desechado Mi Palabra, Mi ley y a Mis profetas y elegidos.

Me conocerán que Yo Soy el que Soy, retumbarán en sus corazones y sus mentes Mi Santas Palabras y Advertencias en Mis profetas, tan burlados, colocando en ellos y en Mí, Su Salvador, nuevamente la corona de espinas, la corona de la burla.

¡Ay, ay, ay!, viene la gran prueba para esta generación, viene llanto y dolor, angustia y tiempos obscuros, por1ue eso es lo que buscó el hombre al abandonarme a Mí, Único y Verdadero Dios.

Grandes catástrofes llegan con el temblar de la tierra y el fuego purificador de los volcanes para esta tierra, que tiene traspasado de dolor el Inmaculado corazón de María, porque la maldad de Mis enemigos aplasta y somete esta tierra.

Yo lo permito, porque os amo y quiero los corazones de muchos que se están perdiendo; y si no permitiese estos actos el hombre seguirá camino a la perdición eterna del alma, sin reaccionar ni volverse a Mí.

Os he dicho que, a ejemplo del profeta Jeremías, sois profeta de calamidades. Destrucción y castigos fueron en la antigüedad, y sois mi instrumento para que, al igual que Jeremías, anunciéis a esta generación lo que ha de acontecerle, aunque recibáis burlas, desprecios y seáis profeta de tragedias y malos anuncios.

Es primero a Mí a quien coronan nuevamente de espinas y en Mí estáis vosotros, Mis verdaderos profetas, a quien también, en esta hora, os coronan con la corona de la burla, el desprecio y los insultos.

Es necesario acompañarme en Mi Santa Pasión, es necesario ir Conmigo al Monte Calvario para después ser coronados con la corona de los Santos, la corona de la Victoria.

De muchas calamidades y catástrofes os libraré Yo, vuestro Dios, para que sigáis llevando Mi Palabra, siendo tan sólo Mi instrumento y profeta.

Os tengo reservada hasta el último momento en que ha de venir, sobre los sobrevivientes a estas calamidades y catástrofes, la mayor prueba en que debe cumplirse todo cuanto os fue revelado; y seréis testigo de los acontecimientos y la lucha contra el Anticristo, pues la misión, que os he dado, culmina en el último día con la derrota contra Satanás y Mi Triunfo.

Pues he sellado vuestra ofrenda en lo más profundo de Mi Sagrado Corazón y me es grata para salvar almas. Conozco vuestro pensamiento y temor repentino al recordar está alianza y ofrenda, mas nada temáis, porque así como el Hijo del Hombre recibió consuelo y Mi Gracia para cumplir su misión salvífica, así os asistirá el cielo y Mi Gracia Divina a fin de que se cumpla vuestra misión.

Mientras tanto os resguardaré de muchas catástrofes y penas que han de sufrir muchos hombres, hasta que sea el día en que quedarás sumergida en Mi Santa Pasión.

Porque profeta de Mis avisos debéis seguir siendo por unos breves instantes, porque todo comienza a cumplirse.

Son las obras de los corazones de los hombres que Yo veo, no la oración hecha con los labios que se asemeja a la oración y los actos de los escribas y los fariseos.

Orad vosotros, Mis verdaderos hijos, con el corazón postrado y sin doblez para que Me sea grata y aceptable vuestras ofrendas, no sea que el cielo os niegue la Asistencia Santa y Divina, la protección de Vuestra Madre Celestial, y no salgáis con vida de esos acontecimientos.

Yo, Dios de amor y de Misericordia, no hago nada sin antes advertir y avisar a los hombres por medio de Mis profetas y enviados.

Soy Rey de amor, Fiel y lento a la cólera, pero también Soy Rey de justicia.

Alistad, pues, vuestros corazones, que es la mejor armadura para la Victoria.

YO SOY EL QUE SOY.

DIOS DE LOS EJÉRCITOS.