1 mayo

San José, Artesano

La Iglesia cristianizó en otro tiempo las fiestas paganas, usando con soberana libertad de las fechas y de las ceremonias para dotarlas de un contenido cristiano enteramente nuevo.

Inspirándose en esa tradición, coloca ahora la fiesta civil del trabajo el 1 de mayo, bajo el poderoso patrocinio de San José, el humilde artesano escogido por Dios para velar sobre la infancia del Verbo encarnado.

¿Quién mejor que él, en su trabajo de cada día, dio gracias a Dios Padre por el Señor Jesús (epístola), aprendiz suyo dócil y obediente, a quien llamaban el hijo del carpintero (evangelio)?

Cubra San José con su vigilante protección a este mundo del trabajo, de cuya dura suerte participó; guíe y sostenga sus esfuerzos para que reine en el mundo la justicia y la caridad bajo la ley del amor de Cristo Jesús.

Oración: ¡Oh, Dios!, creador de todas las cosas, que has impuesto a los hombres la ley del trabajo; haz que, siguiendo el ejemplo de San José y bajo su patrocinio, realicemos con perfección la obra que nos mandas y alcancemos la recompensa que nos prometes. Por J. C. N. S.

En Roma, el tránsito de san Pío V, de la Orden de Predicadores, Papa y Confesor; el cual, dedicándose con fortaleza y éxito feliz a restaurar la disciplina eclesiástica, extirpar las herejías y destruir los enemigos del nombre Cristiano, con la santidad de su vida y de las leyes, gobernó la Iglesia católica. Su fiesta se celebra el día 5 de este mes.

En Egipto, san Jeremías, Profeta, el cual murió apedreado por el pueblo en Tainas, donde fue enterrado: a su sepulcro, según refiere san Epifanio, acostumbraban ir los fieles a hacer oración y recoger de aquel polvo, que cura las mordeduras de los áspides.

En territorio de Vivares, en las Galias, san Andéolo, Subdiácono, al cual, junto con otros, envió san Policarpo. Obispo de Esmirna, desde el Oriente a la Galia a predicar la palabra de Dios. En el imperio de Severo, después de azotado con varas espinosas, por último, con una espada de madera le abrieron la cabeza en cuatro partes, a modo de cruz, y así consumó el martirio.

En Huesca de España, los santos Mártires Oroncio y Paciencia.

En la aldea de Coulmiers, en el territorio de Orleáns, en Francia, el martirio de san Segismundo, Rey de los Borgoñones, que murió sumergido en un pozo y después resplandeció con milagros. Su sagrado cuerpo, sacado finalmente del pozo, fue llevado a la Iglesia del monasterio de Agauno, situado en la diócesis de Sión, y allí honoríficamente colocado.

En Auxerre, san Amador, Obispo y Confesor.

En Auch de Francia, san Oriencio, Obispo.

En Elvy de Inglaterra, san Asaf, Obispo, con cuyo nombre se honró más tarde la misma ciudad Episcopal.

En Forli, san Peregrino, de la Orden de Siervos de la bienaventurada Virgen María.

En Bérgamo, santa Grata, Viuda.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.