11 julio

San Pío I, Papa y Mártir

En Roma, san Pío I, Papa y Mártir, que fue coronado del martirio en la persecución de Marco Aurelio Antonino.

Vacante la Sede Apostólica por el martirio del papa San Higinio, fue elegido San Pío, primero de este nombre, natural de Aquilea. Expidió un decreto mandando que todas las iglesias del mundo se conformasen con la tradición apostólica, celebrando la Pascua de Resurrección en el primer domingo inmediato al plenilunio de Marzo. Prohibió que los bienes de la Iglesia fuesen enajenados ni aplicados a usos profanos. Mandó se admitiese todos los que se presentasen para abrazar el cristianismo.

Durante su pontificado fue combatido por muchos herejes, a los que persiguió y anatematizó, siendo los principales heresiarca Valentín y Marción. Hizo muchos milagros, siendo uno arrojar los demonios del cuerpo de una doncella a quien afligían. A tan ejemplar vida correspondía el martirio para coronar sus trabajos. Logrólo, siendo delatado por cristiano y enemigo de los dioses, perdiendo la vida por la fe de Jesucristo el día 11 de Julio año 165, y nueve y medio de pontificado.

Oración: Atiende, oh Dios todopoderoso, a nuestra flaqueza, y alívianos del peso de nuestros pecados, por la intercesión de tu bienaventurado mártir y Pontífice Pío. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

TRASLACIÓN DE LAS RELIQUIAS DE SAN BENITO

Además del Tránsito o Muerte de San Benito, del día 21 de marzo, la Orden Benedictina celebra en el día de hoy una segunda fiesta en honor de su Fundador, fiesta que, en algunos países lleva el nombre de Solemnidad de San Benito, y en otros Traslación de las Reliquias.

 La fiesta de la Traslación conmemora el hecho histórico del hallazgo de los cuerpos de San Benito y de Santa Escolástica, entre los escombros del monasterio de Montecasino, y su solemne traslación a Francia, al monasterio de Fleury. Es, pues, en realidad, fiesta de los dos santos hermanos, si bien sólo lleva el título de San Benito. Sus Reliquias, en rigor, ya no están ni en Fleury ni en Montecasino solamente, sino desparramadas en todos y en cada uno de los numerosos monasterios benedictinos, en los que, constantemente, y en especial en el día de hoy, reciben culto especial.

Oración: Santísimo Confesor del Señor, Padre y Jefe de los monjes, intercede por nuestra salud. Destierra de esta casa las asechanzas del maligno espíritu. Líbranos de funestas herejías; y de malas lenguas y hechicerías. Pídele al Señor que remedie nuestras necesidades espirituales y temporales. Pide también por la Santa Iglesia Católica y porque mi alma no muera en pecado mortal para que así confiado en tu poderosa intercesión pueda algún día en el Cielo cantar las eternas alabanzas. Amén, Jesús, María y José.

En Bérgamo, san Juan, Obispo, que, por defender la fe católica, fue muerto por los arrianos.

En Sida de Panfilia, san Cindeo, Presbítero, quien, siendo Emperador Diocleciano y Presidente Estratónico, después de muchas torturas, echado en el fuego y saliendo ileso, por último, puesto en oración, entregó su espíritu.

En Córdoba de España, san Abundio, Presbítero, el cual, en la persecución arábiga por predicar contra la secta de Mahoma, fué coronado del martirio.

En Nicópolis de Armenia, el triunfo de los santos Mártires Jenaro y Pelagia, los cuales, atormentados por espacio de cuatro días con el potro, uñas aceradas y tejuelas, consumaron el martirio.

En territorio de Sens, san Sidronio, Mártir.

En Iconio de Licaonia san Marciano, Mártir, el cual, en tiempo del Presidente Perenio, por muchos tormentos, llegó a la palma.

En Brescia, los santos Mártires Savino y Cipriano.

En el territorio de Poitiers, san Sabino, Confesor.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.