11 noviembre

San Martín, Obispo y Confesor de la Fe

«Velad y orad a fin de no caer en la tentación. Que si bien el espíritu está pronto, la carne es flaca» (Mateo 26, 41).

En Tours de Francia, el tránsito de san Martín, Obispo y Confesor, cuya vida fue gloriosa en tan grandes milagros, que mereció resucitar tres muertos. n. hacia el año 316 en Panonia, actual Hungría; † 8 de noviembre de 397 en Candes (Tours), Francia.

Patrono de mendigos; jinetes; caballería; caballos; alcohólicos reformados; soldados; hosteleros; sastres; vitivinicultores; gansos.

Protector contra la carestía y el empobrecimiento; alcoholismo.

San Martín, hijo de un oficial pagano en Panonia, deslumbrose en Pavía con los esplendores del culto cristiano. Catecúmeno a los diez años, siguió no obstante la voluntad de su padre y de su príncipe, y sirvió en el ejército romano. Un día, durante un rudo invierno, dio una parte de su manto a un pobre, y Nuestro Señor se le apareció la noche siguiente vestido con ella. Martín recibió entonces el bautismo, fue incluido entre los acólitos por San Hilario de Poitiers, fundó Ligugé, primer monasterio de las Galias, obró numerosos milagros y llegó a ser obispo de Tours a pesar de sus lágrimas. Fue entonces cuando fundó el monasterio de Marmoutier con 80 religiosos. Por todas partes prodigó su caridad, su abnegación, sus oraciones y su enseñanza, y murió lleno de días y de méritos hacia el año 400.

Oración: Oh Dios, que veis nuestra impotencia para mantenernos en el bien, haced, en vuestra bondad, que la intercesión del bienaventurado Martín, vuestro confesor y pontífice, nos fortifique contra las tentaciones que nos asedian. Por J. C. N. S.

En Cotieo de Frigia, el esclarecido martirio de san Menas, soldado egipcio, el cual, en la persecución de Diocleciano, arrojando la insignia de la milicia terrena, mereció ser soldado del Rey del cielo, entregándose en el yermo a la vida interior; luego, saliendo al público, y declarándose abiertamente Cristiano, fue primero probado con terribles suplicios; por último, puesto de rodillas en oración, dando gracias a Jesucristo nuestro Señor, fue degollado, y después de muerto, resplandeció con muchos milagros.

En Ravena, los santos Mártires Valentín, Feliciano y Victorino, que en la persecución de Diocleciano fueron coronados.

En Mesopotamia, san Atenodoro, Mártir, que en tiempo del mismo Diocleciano, y presidiendo Eleusio, atormentado con el fuego y otros suplicios, fue al fin condenado a muerte; mas, cayendo desmayado el verdugo y no osando ningún otro herirle con el cuchillo, el Santo, puesto en oración, durmió en el Señor.

En Lyon de Francia, san Verano, Obispo, cuya vida fue esclarecida en fe y virtudes.

En Constantinopla, san Teodoro, Abad Estudita, el cual, peleando de nodadamente por la fe católica, contra los Iconoclastas, se hizo célebre en toda la Iglesia católica.

En el monasterio de Grotaferrata en el territorio de Frascati, san Bartolomé, Abad, compañero de san Nilo, cuya vida escribió.

En la provincia de Samnio, san Menas, solitario, de cuyas virtudes y milagros hace mención san Gregorio Papa.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.