12 diciembre

Nuestra Señora de Guadalupe

«Virgen de Guadalupe, a tus plantas me postro humilde, suplicando tu santa intercesión. ¡Cuánto me gustaría ver grabado mi rostro sobre la blanca tilma de tu gran corazón!»

Bienaventurada Virgen María de Guadalupe en México, cuyo gran maternal auxilio implora con humildad el pueblo en la colina de Tepeyac, cerca de la ciudad de México, donde apareció. Ella brilla como una estrella que invita a la evangelización de los pueblos, y es invocada como protectora de los indígenas y de los pobres.

Oración: Dios, Padre de misericordias, que constituiste a tu pueblo bajo el singular patrocinio de la Santísima Madre de tu Hijo, concede a todos los que invocan a la Bienaventurada Virgen de Guadalupe, que con más alegre fe busquen el progreso de los pueblos por caminos de justicia y de paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén

En Alejandría, los santos Mártires Epímaco y Alejandro, los cuales, imperando Decio, habiendo pasado mucho tiempo en prisión y, atormentados con diferentes suplicios, perseverando constantes en la fe, fueron consumidos en el fuego. La fiesta de san Epímaco, junto con la del Mártir san Gorgonio, se celebra el 10 de Mayo.

En Roma, san Sinesio, Mártir, el cual, ordenado Lector en tiempo de san Sixto II Papa, por haber convertido muchos a Cristo, acusado ante el Emperador Aureliano, pasado a cuchillo, recibió la corona del martirio.

En el mismo día, los santos Mártires Hermógenes, Donato y otros veintidós.

En Tréveris, los santos Mártires Majencio, Constancio, Crescencio, Justino y Compañeros, que en la persecución de Diocleciano padecieron de orden del Presidente Ricciovaro.

En Alejandría, las santas Amonaria, Virgen, Mercuria, Dionisia y otra Amonaria; de ellas, la primera, en la persecución de Decio, superados inauditos tormentos, al filo de la espada recibió una muerte dichosa. Cuanto a las otras tres, avergonzándose el Juez de ser vencido de unas mujeres, y temiendo que, si con ellas empleaba los mismos suplicios, iba a ser también vencido por su constancia varonil, mandó al punto degollarlas.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.