12 octubre

Nuestra Señora del Pilar

Fiesta de Nuestra Señora del Pilar. Según una venerada tradición, la Santísima Virgen María se manifestó en Zaragoza sobre una columna o pilar, signo visible de su presencia. Esta tradición encontró su expresión cultual en la misa y en el Oficio que, para toda España, decretó el papa Clemente XII.

En la ciudad española de Zaragoza, la que antes de los tiempos de Cristo era la famosa y rica villa romana de Caesaraugusta, de donde deriva su nombre actual, existe el monumento más sólido, antiguo y magnífico que tiene España como prueba de una piadosa tradición y de una antiquísima y profunda devoción por la Santísima Virgen María: el Santuario del Pilar. Esa gran basílica mariana con sus once cúpulas y sus cuatro campanarios es conocida y famosa, no sólo en España, sino en el mundo entero, puesto que, según la tradición, en tiempos inmemoriales se apareció allí la Madre de Dios y, desde entonces, a través de los siglos, ha mostrado su protección especial con repetidas gracias, milagros y portentos, hasta ganarse la indefectible piedad de los españoles, que le tributan culto con devoción, constancia y magnificencia.

Oración: Dios todopoderoso y eterno, que en la gloriosa Madre de tu Hijo has concedido un amparo celestial a cuantos la invocan con la secular advocación del Pilar, concédenos, por su intercesión, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

En Roma, los santos Mártires Evagrio, Prisciano y sus Compañeros.

En África, cuatro mil novecientos sesenta y seis santos Confesores y Mártiresen la persecución Vandálica, reinando Hunerico Arriano. De ellos, siendo unos Obispos de varias Iglesias de Dios; otros Presbíteros y Diáconos, con gran muchedumbre de fieles que se les unieron, por defender la verdad católica fueron, arrojados a un horrible desierto; muchísimos de entre ellos, al ser cruelmente conducidos por los Moros, forzados con los cuentos de las lanzas a correr, o apedreados, terminaron su glorioso martirio; otros atados los pies y arrastrados como cadáveres por lugares ásperos y escabrosos y despedazados todos los miembros, finalmente, con varios géneros de tormentos celebraron el martirio. Entre todos fueron los más ilustres Sacerdotes del Señor los Obispos Félix y Cipriano.

En Ravena, en la vía de Loreto, el triunfo de san Edistio, Mártir.

En Licia, santa Domnina, Mártir, en tiempo del Emperador Diocleciano.

En Celene de Pannonia, san Maximiliano, Obispo de Lorch.

 En York de Inglaterra, san Walfrido, Obispo y Confesor.

En Milán, san Monas, Obispo, el cual, tratándose de elegir Obispo, rodeado de luz celestial, por esta señal maravillosa fue creado Pontífice de aquella Iglesia.

En Verona, san Salvino, Obispo.

En Siria, san Eustaquio, Presbítero y Confesor.

En Áscoli del Piceno, san Serafín, Confesor, de la Orden de Menores Capuchinos, señalado en santidad de vida y humildad; a quien el Sumo Pontífice Clemente XIII puso en el catálogo de los Santos.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.