15 julio

San Enrique, Emperador y Confesor de la Fe

San Enrique, Emperador de Romanos y Confesor, cuyo tránsito se celebra el día 13 de Julio. n. 6 de mayo de 972 en Albach (Baviera), Alemania; † 13 de julio de 1024 en Sajonia.

Patrono de personas estériles; matrimonios sin hijos; discapacitados y minusválidos; duques; reyes; personas rechazadas en órdenes religiosas.

Protector contra la esterilidad.

San Enrique, llamado el Piadoso, duque de Baviera y después emperador de Alemania, nada emprendía sin antes haber consultado y orado a Dios. En ciertas ocasiones vio a los ángeles y a los santos mártires, sus protectores, combatir a su favor al frente de sus ejércitos. Conservó su virginidad, de común acuerdo con su esposa Santa Cunegunda. Restableció a Benedicto VII en el trono de San Pedro y por todas partes dejó ilustres monumentos de su piedad y religión. Célebre por sus milagros y sus virtudes, dejó la corona para ir a recibir otra más preciosa en el cielo, en 1024.

Oración: Oh Dios, que en este día habéis hecho pasar al bienaventurado Enrique, vuestro confesor, de un trono terrenal al reino eterno, haced, os lo imploramos, que, así como él triunfó por vuestra gracia de las seducciones del siglo,
despreciemos nosotros también los vanos atractivos del mundo, para presentarnos a Vos con un corazón puro.
Por J. C. N. S.

En Lyon de Francia, el tránsito de san Buenaventura, Cardenal y Obispo de Albano, Confesor y Doctor de la Iglesia, de la Orden de Menores, en doctrina y santidad de vida celebérrimo. Su fiesta se celebra el día de ayer.

En Pavía, san Félix, Obispo y Mártir.

En el Puerto Romano, el triunfo de los santos Mártires Eutropio y Zósima y Bonosa, hermanas.

En Cartago, san Catulino, Diácono, cuyas alabanzas celebró san Agustín en un sermón al pueblo; y los santos Jenaro, Florencio, Julia y Justa, Mártires, que fueron sepultados en la Basílica de Fausto.

En Alejandría, los santos Mártires Felipe, Zenón, Narseo y diez niños.

En la isla de Ténedos, san Abudemio, Mártir, que padeció en tiempo de Diocleciano.

En Sebaste de Armenia, san Antíoco, médico, que, por orden del Presidente Adriano, fue decapitado; y saliendo de la herida leche en vez de sangre, convirtió a Cristo al verdugo, por nombre Ciriaco, y fue también martirizado.

En Nísibe de Mesopotamia, el triunfo de Santiago, Obispo de aquella ciudad, varón santísimo, esclarecido en milagros y doctrina. En la persecución de Galerio Maximiano fue uno de los Confesores que en el Concilio de Nicea condenaron la impiedad de Arrio, oponiéndole la palabra Homo-úsion. Por sus oraciones y las del santo Obispo Alejandro, el mismo Arrio recibió, en Constantinopla el castigo que merecía su iniquidad, echando fuera las entrañas.

En Nápoles de Campania, san Atanasio, Obispo de aquella ciudad, el cual, de parte del impío Sergio, sobrino suyo, padeció mucho fue depuesto de su silla, y al cabo, consumido de trabajos, pasó al Señor en Véroli de los Hérnicos, reinando Carlos el Calvo.

En Campo Salentino de la Apulia, San Pompilio María Pirroti, Confesor, de la Orden de Clérigos Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, insigne por la vida apostólica, a quien el Papa Pío XI puso en el número de los Santos.

En Palermo, la Invención del cuerpo de santa Rosalía, Virgen Palermitana. que, hallado milagrosamente en tiempo del Sumo Pontífice Urbano VIII, libertó la Sicilia de la peste el año del Jubileo.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.