15 noviembre

San Alberto Magno, Religioso, Obispo, Confesor de la Fe y Doctor de la Santa Madre Iglesia

«Vosotros sois el cuerpo de Cristo y miembros unos de otros» (1 Corintios 12, 27).

En Colonia, san Alberto, Obispo y Confesor, de la Orden de Predicadores, apellidado Magno, célebre en santidad y doctrina, al cual el Papa Pío XI declaró Doctor de la Iglesia universal; y Pío XII le constituyó celestial Patrono ante Dios de los que cultivan las ciencias naturales. n. hacia el año 1206 en Lauingen, Baviera; † 15 de noviembre de 1280 en Colonia, Prusia.

Patrono de estudiantes de teología; filósofos; estudiantes en general; técnicos médicos; científicos; ciencias naturales.

Habiendo entrado en la Orden de Santo Domingo, en sus comienzos entonces, San Alberto perseveró en ella a pesar de la oposición de su familia. Fue dedicado a los estudios y a la enseñanza de la filosofía y de la teología, en las que se distinguió como uno de los más grandes espíritus de su siglo y como maestro de Santo Tomás de Aquino. Obligado por el Papa a aceptar, en 1260, el obispado de Ratisbona, pronto obtuvo su relevo para poder retomar sus lecciones. En el concilio de Lyon, en 1274, empleó toda su influencia para restablecer la unión con los griegos cismáticos. Murió a edad muy avanzada, el 15 de noviembre de 1280.

Oración: Oh Dios, que hicisteis grande al bienaventurado Alberto, vuestro pontífice y doctor, en la sumisión de la sabiduría humana a la fe divina, concedednos que nos adhiramos a su enseñanza y gocemos así en el cielo de la luz perfecta.
Por J. C. N. S.

El mismo día, el triunfo de san Eugenio, Obispo de Toledo y Mártir, que fue discípulo de san Dionisio Areopagita, y en el territorio de París, terminado el curso de su martirio recibió del Señor la corona de los Mártires. Su cuerpo fue más tarde trasladado a Toledo en España.

En Nola de Campania, san Félix, Obispo y Mártir, que, desde la edad de quince años resplandeció en milagros, y presidiendo Marcialno, terminó con otros treinta Compañeros la lucha del martirio.

En Edesa de Mesopotamia, el martirio de san Abibo, Diácono, que, imperando Licinio y siendo Presidente Lisania, despedazado con uñas de hierro, fue arrojado a la hoguera.

Allí mismo, los santos Mártires Gurías y Samonas, en tiempo del Emperador Diocleciano y presidiendo Antonino.

En África, los santos Mártires Segundo, Fidenciano y Várico.

En Archiac, territorio de Saintes, el tránsito de san Macuto, Obispo de Alet en Francia, el cual, nacido en Inglaterra, desde su primera niñez comenzó a resplandecer en milagros.

En Verona, san Luperio, Obispo y Confesor.

En Kahlemberg, cerca de Viena de Austria, san Leopoldo, Marqués de aquella provincia, a quien el Papa Inocencio VIII puso en el catálogo de los Santos.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias