15 octubre

Santa Teresa de Jesús, Virgen y Fundadora

«Así, pues, con gusto me gloriaré en mis flaquezas, a fin de que la fuerza de Cristo habite en mí» (2 Corintios 12, 9).

En Alba de España, santa Teresa, Virgen, que fue madre y maestra de los Frailes y Monjas de la Orden Carmelitana de la estrecha observancia. n. 28 de marzo de 1515 en Ávila, España; † 4 de octubre de 1582 en Alba de Tormes, España.

Patrona de personas en órdenes religiosas; personas ridiculizadas por su piedad; enfermos; quienes han sufrido la pérdida de sus padres; aquellos con necesidad de recuperar el estado de gracia. Protectora contra las enfermedades del cuerpo; dolores de cabeza.

Santa Teresa, española de noble alcurnia, partió de su casa a la edad de siete años, con su hermano Rodrigo, en busca del martirio entre los moros; un tío frustró su intento volviéndolos a casa. A los veinte años entró en el Carmelo y encontró en él un verdadero martirio en las austeridades que practicó, en las enfermedades del cuerpo y arideces del espíritu que padeció durante veinte años, en las calumnias que debió padecer y en las contradicciones que encontró en su empresa de reformar la Orden. Murió en 1582, a la edad de 67 años. Sus profundos escritos le han merecido el título de Doctora de la Iglesia.

Oración: Escuchadnos, oh Dios Salvador nuestro, y haced que, al alegrarnos con la fiesta de Santa Teresa, seamos alimentados con el pan de su celestial doctrina y abrasados con los sentimientos de su tierna piedad. Por J. C. N. S.

En Cracovia de Polonia, el tránsito de santa Eduvigis, Viuda, Duquesa de Polonia, la cual, consagrada al servicio de los pobres, resplandeció también en milagros. El Papa Clemente IV la puso en el catálogo de los Santos; pero su fiesta se celebra el día siguiente.

En Roma, en la vía Aurelia, san Fortunato, Mártir.

En Prusia, san Bruno, Obispo de los Rutenos y Mártir, que, predicando en aquella región el Evangelio, detenido por los impíos y cortados los pies y las manos, fue decapitado.

En Colonia, el triunfo de trescientos santos Mártires, que en la persecución de Maximiano acabaron el curso de su combate.

En Cartago, san Agileo, Mártir, en cuya fiesta predicó san Agustín en su alabanza un sermón al pueblo.

En Lyon de Francia, san Antíoco, Obispo, el cual, desempeñando con tesón el sublime cargo de Pontífice, a que había sido elevado, alcanzó el reino celestial.

En Tréveris, san Severo, Obispo y Confesor.

En Estrasburgo, santa Aurelia, Virgen.

En Alemania, santa Tecla, Abadesa y Virgen, la cual puesta al frente de los monasterios de Kitzingen y Ochsenfort, colmada de méritos, subió al cielo.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.