17 noviembre

San Gregorio Taumaturgo, Obispo y Confesor de la Fe

«Quien cree en mí, ése hará también las obras que yo hago, y las hará todavía mayores» (Juan 14, 12).

En Neocesarea del Ponto, el tránsito de san Gregorio, Obispo y Confesor, esclarecido en santidad y doctrina, el cual, por los grandes milagros y prodigios que obró con mucha gloria de las Iglesias, fue apellidado Taumaturgo. n. hacia el año 213 en Ponto, Asia Menor; † hacia el año 270 en Ponto.

Protector contra terremotos e inundaciones. Se invoca su intercesión en las causas perdidas e imposibles.

San Gregorio, pagano rico del Ponto, descollaba ya en el foro cuando encontró a Orígenes. Bautizado cinco años después, desprendiose de todo y se hizo ermitaño. Consagrado, a pesar de haber huido, obispo de Neocesárea, su patria, no fue su episcopado sino una larga serie de prodigios; de ahí su apodo de Taumaturgo u obrador de milagros. Un sacerdote pagano se convirtió al ver a una roca retroceder para dar lugar para una iglesia. En el año 240 no había encontrado más que 17 cristianos en su provincia; al morir dejó en ella, en el año 270, sólo 17 paganos.

Oración: Haced, oh Dios omnipotente, que la augusta solemnidad del bienaventurado Gregorio, vuestro confesor pontífice, aumente en nosotros el espíritu de piedad y el deseo de la salvación. Por J. C. N. S.

En Heldelf de Sajonia, el tránsito de santa Gertrudis, Virgen, de la Orden de san Benito, esclarecida con el don de revelaciones. Su festividad se celebra el día de ayer.

En Palestina, los santos Mártires Alfeo y Zaqueo, los cuales, en el primer año de la persecución de Diocleciano, al cabo de muchos tormentos, sufrieron la pena de muerte.

En Córdoba de España, los santos hermanos Mártires Acisclo y Victoria, los cuales en la misma persecución, por orden del Presidentes Dión, fueron cruelísimamente atormentados y merecieron del Señor las coronas de un ilustre martirio.

En Alejandría, san Dionisio, Obispo, varón de grandísimo saber, el cual, esclarecido por las muchas veces que confesó la fe, y magnífico por la diversidad de suplicios y tormentos que padeció, lleno de días, murió Confesor en tiempo de los Emperadores Valeriano y Galieno.

En Orleáns de Francia, san Aniano, Obispo, cuyos frecuentes milagros dan testimonio de que su muerte fue preciosa en el acatamiento del Señor.

En la Bretaña, san Hugo, Obispo, el cual, de Monje Cartujo, llamado a regir la iglesia de Lincoln, resplandeció con muchos milagros y descansó con santo fin.

En Tours de Francia, san Gregorio, Obispo.

En Florencia, san Eugenio, Confesor, que fue Diácono de san Zénobio, Obispo de la misma ciudad.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.