18 noviembre

Dedicación de las Basílicas de los Santos Pedro y Pablo

«¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo que reside en vosotros?» (1 Corintios 6, 19.

En Roma, la Dedicación de las Basílicas de los santos Apóstoles Pedro y Pablo. La primera, reedificada y engrandecida, fue solemnemente consagrada en este día por el Papa Urbano VIII; la segunda, reducida a cenizas por un voraz incendio, y también levantada de nuevo con mayor magnificencia, fue consagrada con gran solemnidad a 10 de Diciembre por Pío IX, que trasladó al presente día su anual conmemoración.

Siempre los fieles han profesado una profunda veneración a la tumba de los apóstoles San Pedro y San Pablo. Ocho días después de su bautismo, según se refiere, el emperador Constantino trasladose al lugar donde descansaban los santos cuerpos; oró allí con gran abundancia de lágrimas. Cavose después la tierra, llenó doce canastas con ella en honor de los doce apóstoles, y echó los cimientos de la basílica de San Pedro. Terminado el edificio, el Papa San Silvestre lo consagró. Constantino hizo también edificar una iglesia en honor de San Pablo. La fiesta de este día fue instituida para recordar la consagración de la basílica de San Pablo extramuros, reconstruida después de un incendio, en 1854.

Oración: Oh Dios, que todos los años renováis en favor nuestro el día de la consagración de este templo y nos permitís asistir a los santos misterios, escuchad los ruegos de vuestro pueblo y haced que todos los que entren en este templo para impetrar gracias, tengan la alegría de experimentar que son escuchadas sus plegarias. Por J. C. N. S.

En Antioquía, el triunfo de san Román, Mártir, que en tiempo del Emperador Galerio, viendo al Prefecto Asclepíades penetrar a viva fuerza en una Iglesia e intentar destruirla del todo, exhortó a los demás Cristianos a que se le opusiesen; por lo cual, después de crueles suplicios y de cortada la lengua (sin la cual seguía en las alabanzas de Dios), ahogado con un dogal en la cárcel, consumó su ilustre martirio. Antes de él fue martirizado un tierno niño, llamado Bárula, que preguntado por el mismo Prefecto si era mejor adorar a un solo Dios o a muchos dioses, y respondiendo que sólo debía creerse en el único Dios que adoran los Cristianos, fue mandado azotar y degollar.

En Antioquía también, san Esiquio, Mártir, el cual siendo soldado, y oyendo publicar que, quien no adorase a los ídolos, dejase el cinto militar, inmediatamente se despojó de él; por lo cual, atándole una gran piedra a la mano derecha, le arrojaron al río.

En el mismo día, los santos Orículo y Compañeros, que en la persecución Vandálica padecieron por la fe católica.

En Maguncia, san Máximo, Obispo, que habiendo padecido mucho en tiempo de Constancio de parte de los Arrianos, murió Confesor.

En Tours de Francia, el tránsito de san Odón, Abad de Cluny.

En Antioquía, santo Tomás, Monje, al cual los Antioquenos celebraron cada año una fiesta, por haber sido con su intercesión librados de la peste.

En Luca de Toscana, la Traslación de san Frigdiano, Obispo y Confesor.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.