19 mayo

San Pedro Celestino (Celestino V), Papa y confesor

El tránsito de san Pedro de Morón, Confesor, el cual, de Anacoreta fue creado Papa con el nombre de Celestino V; pero poco después, renunció el Pontificado, y llevando en la soledad vida religiosa, esclarecido en virtudes y milagros, pasó al Señor. n. 1210 en Isneria (Abruzos), Italia; † 19 de mayo de 1296.

Patrono de los encuadernadores

San Pedro Celestino mostró desde su infancia que había nacido para el cielo, pues, desde entonces, decía a su madre: Quiero ser un buen servidor de Dios. Después de haber estudiado las ciencias humanas, se retiró a la soledad para conversar familiarmente con los habitantes del paraíso. Jesucristo, su Santa Madre y su buen Ángel a menudo se le aparecían. Su fama de santidad lo elevó al trono de San Pedro; pero su humildad hízole dejar la primera dignidad del mundo para volver a su querida soledad. Murió santamente, después de haber fundado la orden de los Celestinos.

Oración: Oh Dios, que habéis elevado al bienaventurado Pedro Celestino al sumo Pontificado, y le habéis enseñado a preferir una vida humilde al brillo de la dignidad suprema, concedednos la gracia de despreciar, siguiendo su ejemplo, todas las grandezas del mundo, y llegar felizmente a las recompensas prometidas a los humildes. Por J. C. N. S.

En Roma, santa Pudenciana, Virgen, la cual, después de innumerables combates, y de haber devotamente dado sepultura a muchos Mártires y distribuido por Cristo todos sus bienes a los pobres, pasó de esta vida temporal a la eterna.

Allí mismo, san Pudente, Senador, que fue padre de la misma santa Pudenciana y de santa Práxedes, Virgen; el cual, revestido de Cristo por los Apóstoles en el bautismo, custodió sin mancilla la estola de la inocencia hasta recibir la corona de la vida.

También en Roma, en la vía Apia, el triunfo de los santos Calócero y Parteniopalaciegos; aquél, camarero de la mujer del Emperador Decio, y éste sobrestante en otro oficio; ambos, por no querer sacrificar a los ídolos, de orden del mismo Emperador, fueron atormentados con varios y exquisitos suplicios, y al fin, machacadas con un hierro candente las cervices, entregaron su espíritu a Dios.

En Nicomedia, san Filótero, Mártir, que fue hijo del Procónsul Paciano, y en el imperio de Diocleciano, después de muchos tormentos, recibió la corona del martirio.

Allí mismo, seis santas Vírgenes y Mártires; la principal era Ciríaca, la cual, como reprendiese con entereza a Maximiano por su impiedad, fue atrozmente azotada y desgarrada, y por último, abrasada en la hoguera, consumó el martirio.

En Cantórbery de Inglaterra, san Dustano, Obispo.

En Lohanec de la Bretaña menor, san Ivón, Presbítero y Confesor, el cual, por amor de Cristo, defendía las causas de los huérfanos, viudas y pobres.

En Fusecchio de Etruria, san Teófilo de Corte, Confesor, Sacerdote de la Orden de los Frailes Menores, propagador de los retiros espirituales, al cual el Papa Pío XI puso en el número de los Santos.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.