22 febrero

La Cátedra de San Pedro en Antioquía

En Antioquía, la Cátedra de san Pedro Apóstol, donde por primera vez comenzaron los fieles a llamarse Cristianos.

La Iglesia celebra en este día la toma de posesión, por San Pedro, del obispado de Antioquía. Bien merecido tenía esta ciudad de que su primer obispo fuese el Príncipe de los apóstoles y Vicario de Jesucristo, pues en ella los fieles hacíanse cada vez más numerosos, y allí, por vez primera, tomaron el bello nombre de cristianos que han conservado después. San Pedro trasladose posteriormente a Roma y estableció en ella su sede episcopal definitiva.

Oración: Oh Dios, que al confiar a San Pedro, vuestro Apóstol, las llaves del reino de los cielos, le disteis el poder de atar y desatar, concedednos por su intercesión la gracia de ser librados de las cadenas que nos sujetan al pecado. Vos, que siendo Dios, vivís y reináis por todos los siglos de los siglos.

En Faenza de la Emilia, el triunfo de san Pedro Damián, Cardenal y Obispo de Ostia y Confesor, de la Orden Calmaldulense, célebre en doctrina y santidad, a quien el Papa León XII declaró Doctor de la Iglesia. Su fiesta se celebra el día siguiente.

En Salamina de Chipre, san Aristión, que, según atestigua san Papías, de quien enseguida se hará mención, fue uno de los setenta y dos discípulos de Cristo.

En Hierápolis de Frigia, san Papías, Obispo de la misma ciudad, que fue discípulo de san Juan el Anciano, y compañero de san Policarpo.

En Arabia, la conmemoración de muchísimos santos Mártires, a quienes, imperando Galerio Maximiano, quitaron la vida cruelísimamente.

En Alejandría, san Abilio, Obispo, que constituido segundo Obispo de aquella ciudad después de san Marcos, desempeñó con insigne virtud el ministerio pastoral.

En Viena de Francia, san Pascasio, Obispo, preclaro por la doctrina y santidad de vida.

En Ravena, san Maximiano, Obispo y Confesor.

En Cortona de Toscana, santa Margarita, de la tercera Orden de san Francisco, que con admirable penitencia y copiosísimas lágrimas lavó incesantemente las manchas de su vida pasada. Su cuerpo, milagrosamente incorrupto, despide un olor suavísimo, y, esclarecido con frecuentes milagros, es allí mismo honrado con gran veneración.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.