22 octubre

Santa María Salomé, Madre de los Apóstoles, Santiago y Juan

«Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá» (Mateo 7, 7).

En Jerusalén, santa María Salomé, madre de los santos Santiago y Juan Apóstoles, de la cual se lee en el Evangelio que anduvo solícita en la sepultura del Señor.

Santa María Salomé tenía tanto amor por Jesucristo, que le siguió hasta el Calvario, con Santa María Magdalena y María, madre de Santiago. Así, en el momento en que los discípulos abandonaban al Salvador, esta santa mujer le permaneció fiel. Ella proporcionó perfumes para ungir el cuerpo de Jesucristo y, el domingo, fue al santo sepulcro muy de mañana con sus dos compañeras. Allí, encontraron a un ángel que les anunció la resurrección de Jesucristo.

Oración: Escuchadnos, oh Dios Salvador nuestro, y que la fiesta de la bienaventurada María Salomé, al mismo tiempo que regocija nuestra alma la enriquezca con los sentimientos de una tierna devoción. Por J. C. N. S.

En Jerusalén, asimismo, san Marcos, Obispo, varón muy distinguido y muy docto, el primero de los Gentiles que gobernó la Iglesia de Jerusalén, y no mucho después, en tiempo del Emperador Antonino, mereció la palma del martirio.

En Adrianópolis de Tracia, el triunfo de los santos Mártires Felipe, Obispo, Severo, Presbítero, Eusebio y Hermes; los cuales, en tiempo de Juliano Apóstata, después de encarcelados y azotados, fueron consumidos en la hoguera.

Igualmente los santos Mártires Alejandro, Obispo, Heraclio, soldado, y sus Compañeros.

En Fermo del Piceno, el triunfo de san Felipe, Obispo y Mártir.

En Colonia, santa Córdula, una de las Compañeras de santa Úrsula, la cual, atemorizada por los suplicios y muerte de las otras, se ocultó; pero arrepentida de ello, el día siguiente se presentó de grado a los Hunnos, y la última de todas recibió la corona del martirio.

En Huesca de España, las santas Vírgenes Nunilona y Alodia, hermanas, que, por la confesión de la fe, condenadas por los Sarracenos a pena capital, consumaron el martirio.

En Hierápolis de Frigia, san Albercio, Obispo, que floreció en tiempo del Emperador Marco Antonino.

En Rúan, san Melanio, Obispo, que ordenado por el Papa san Esteban, fue enviado a predicar el Evangelio en aquella ciudad.

En Toscana, san Donato Escocés, Obispo de Fiésole.

En Verona, san Verecundo, Obispo y Confesor.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.