23 diciembre

En Roma, santa Victoria, Virgen y Mártir, que en la persecución del Emperador Decio, estando prometida al pagano Eugenio, y no queriendo ni casarse ni sacrificar a los ídolos, después de muchos milagros, con que convirtió para Dios a muchas Vírgenes, el verdugo, a persuasión de su esposo, le clavó un cuchillo en el corazón.

En Nicomedia, el suplicio de los santos Migdonio y Mardonio. El primero, en la persecución de Diocleciano, murió abrasado en la hoguera, y el otro arrojado en una fosa. Entonces padeció también un Diácono de san Antimo, Obispo de Nicomedia, que, siendo portador de unas cartas para los Mártires, detenido por los Gentiles y cubierto de piedras, pasó al Señor.

Allí mismo, el triunfo de veinte santos Mártires, a quienes la misma persecución de Diocleciano, torturados con cruelísimos tormentos, hizo Mártires de Cristo.

En Creta, los santos Mártires Teodulo, Saturnino, Éuporo, Gelasio, Euniciano, Zético, Leómenes, Agatópode, Basílides y Evaristo; los cuales, en la persecución de Decio, padecieron crueles tormentos, y fueron decapitados.

En Roma, san Sérvulo, de quien escribe san Gregorio Papa, que desde su primera edad hasta el fin de su vida, vivió paralítico en un pórtico, junto a la Iglesia de san Clemente, y al cabo, invitado por un coro de Ángeles, pasó a la gloria del paraíso; en su sepultura obra Dios muy frecuentes milagros.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.