24 junio

Natividad de San Juan Bautista

La Natividad de san Juan Bautista, Precursor del Señor, hijo de los santos Zacarías e Isabel; el cual fue lleno del Espíritu Santo estando aún en las entrañas de su madre.

Toda la tierra se alegra del nacimiento de San Juan; pero, ¿no debemos nosotros afligirnos al comparar lo que él ha hecho con lo que hacemos nosotros? Él deja el mundo y se retira al desierto para hacer penitencia; su alimento es un poco de miel silvestre con langostas; su vestidura, la piel de un camello. Sus ejemplos, más aun que sus palabras, son una exhortación a la penitencia. Viendo a Jesucristo, exclama: He ahí el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo; y el Salvador quiere ser bautizado por él.

Oración: Oh Dios, que habéis solemnizado este día con el nacimiento de San Juan Bautista, conceded a vuestro pueblo la gracia de los gozos espirituales, y dirigid las almas de los fieles por el camino de la salvación eterna. Por J. C. N. S.

En Roma, la conmemoración de muchísimos santos Mártires, que, acusados calumniosamente por el Emperador Nerón, para apartar de sí la odiosidad de haber puesto fuego a la Ciudad, fueron, de orden del mismo, cruelísimamente muertos con diversos géneros de suplicios; porque unos, cubiertos con pieles de fieras, fueron expuestos a las mordeduras de los perros; otros fueron crucificados; a otros pegaron fuego, a fin de que sirviesen de luminarias durante la noche. Todos ellos eran discípulos de los Apóstoles y primicias de los Mártires que la Iglesia Romana, campo fértil en Mártires, envió al cielo antes de la pasión de les Apóstoles.

Allí mismo, los santos Mártires Fausto y otros veintitrés.

En Malinas de Brabante, el suplicio de san Rumoldo, Obispo de Dublín y Mártir, descendiente del Rey de los Escoceses.

En Sátala de Armenia, siete santos hermanos Mártires, a saber: Orencio, Eróes, Farnacio, Fermín, Firmo, Ciríaco y Longino, soldados; a los cuales, por ser Cristianos, el Emperador Maximiano privó del cinto militar, y separados unos de otros, los desterró a diferentes lugares, donde, en medio de dolores y trabajos, descansaron en el Señor.

En la aldea de Creteil, territorio de París, el martirio de los santos Agoardo y Agliberto, con otros innumerables de uno y otro sexo.

En Autún, la dichosa muerte de san Simplicio, Obispo y Confesor.

En Lobbe de Bélgica, san Teodulfo, Obispo.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.