24 noviembre

San Juan de la Cruz, Religioso, Presbítero, Confesor de la Fe y Doctor de la Iglesia

«La caridad no tiene envidia, no obra precipitada» (1 Corintios 13, 4).

San Juan de la Cruz, Presbítero, Confesor y Doctor de la Iglesia. compañero de santa Teresa en la reforma de los Carmelitas; de cuya muerte se hace mención el 14 de Diciembre. n. 24 de junio de 1542 en Fontiveros (Ávila), España;
† 14 de diciembre de 1591 en Úbeda, España.

Patrono de místicos; teología mística; vida contemplativa; poetas españoles.

San Juan de la Cruz, de la Orden Carmelitana y émulo de Santa Teresa, tenía tal amor por Dios, que bastaba la vista de un crucifijo para fundirlo en lágrimas y hacerlo caer en éxtasis. Tres cosas pedía frecuentemente al Señor: la primera, no pasar día sin sufrir; la segunda, no morir siendo superior, y la tercera, acabar su vida en la humillación, el desprecio y la soledad. Fue escuchado. Las odiosas persecuciones de que fue objeto durante mucho tiempo, hasta la misma prisión, no hicieron sino aumentar su dicha. A punto de morir exclamó ¡Gloria a Dios! y, después, apretando el crucifijo sobre su corazón, extinguiose dulcemente el 14 de diciembre de 1591, a la edad de 49 años.

Oración: Oh Dios, que habéis hecho de San Juan de la Cruz, vuestro confesor y Doctor, un amante apasionado de la Cruz y de la perfecta abnegación de sí mismo, concedednos la gracia de llegar, caminando por sus huellas, a la gloria eterna. Por J. C. N. S.

El mismo día, el triunfo de san Crisógono, Mártir, el cual, después de prolongadas prisiones y cárceles sufridas por confesar constantísimamente a Cristo, de orden de Diocleciano fue conducido a Aquilea, y finalmente, cortada la cabeza y arrojado al mar, consumó el martirio.

En Roma, san Crescenciano, Mártir, de quien se hace mención en el martirio de san Marcelo Papa.

En Corinto, san Alejandro, Mártir, que en tiempo de Juliano Apóstata y del Presidente Salustio, combatió por la fe de Cristo hasta la muerte.

En Perusa, san Felicísimo, Mártir.

En Ameria de Umbría, santa Fermina, Virgen y Mártir, la cual, en la persecución del Emperador Diocleciano, después de varios tormentos, suspendida y quemada con hachas encendidas, entregó su inmaculado espíritu a Dios.

En Córdoba de España, las santas Vírgenes y Mártires Flora y María, que en la persecución Arábiga, al cabo de una larga prisión, fueron pasadas a cuchillo.

En Milán, san Protasio, Obispo, que en el Concilio Sardicense, delante del Emperador Constante, defendió la causa de san Atanasio, y habiendo pasado muchos trabajos por la Iglesia que se le había confiado y por la religión, finalmente pasó a gozar de Dios.

En el territorio de Auvernia, san Ponciano, Abad, que reinando Teodorico resplandeció en milagros. De él tomó su nombre, así el monasterio que el Santo gobernó, como el pueblo que más tarde se levantó en aquel lugar.

En Blaye de Francia, san Román, Presbítero, cuya santidad es atestiguada por la gloria de los milagros.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.