25 marzo

Anunciación de la Bienaventurada Virgen María

La Anunciación de la beatísima Virgen María, Madre de Dios.

Considera al Arcángel Gabriel entrando a donde estaba María, para anunciarle que la Santísima Trinidad la ha elegido para ser Madre de Dios. Su humildad y su pudor alármanse ante esta noticia; pero es tranquilizada asegurándosele que será madre sin dejar de ser virgen. “Hágase en mí según tu palabra”, exclama; y, al instante, con la sangre purísima de la Virgen Inmaculada, el Espíritu Santo forma el cuerpo adorable de Jesús.

Oración: Oh Dios, que habéis querido que vuestro Verbo se encarnase en el seno de la bienaventurada Virgen María en el momento en el que al anunciarle el Ángel este misterio, Ella pronunció su fíat, conceded que nuestras plegarias, mientras honramos a la que firmemente creemos que verdaderamente es Madre de Dios, obtengan el auxilio de su intercesión junto a Vos. Por J. C. N. S.

En Jerusalén, la conmemoración del santo Ladrón Dímas, que, habiendo en la cruz confesado a Cristo, mereció oír de Él: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso».

En Roma, san Quirino, Mártir, que en tiempo del Emperador Claudio, despojado de sus bienes, sufrida la hediondez de la cárcel y el tormento de muchos azotes, fue degollado y arrojado al Tíber; pero, hallado por los Cristianos en la isla Licaonia, que más tarde se llamó de san Bartolomé, fue sepultado en el cementerio de Ponciano.

En Roma también, doscientos sesenta y dos santos Mártires.

En Sirmio, el suplicio de san Ireneo, Obispo y Mártir, el cual, en tiempo del Emperador Maximiano, y presidiendo Probo, primeramente vejado con atrocísimos suplicios, después torturado muchísimos días en la prisión, y finalmente decapitado, consumó el martirio.

En Nicomedia, santa Dula, esclava de un soldado, la cual, perdiendo la vida por conservar la castidad, mereció la corona del martirio.

En Laodicea, junto al Líbano, san Pelayo, Obispo, el cual, en tiempo de Valente, sufrió el destierro y otros trabajos por la fe católica; pero al fin restituido a su sede, descansó en el Señor.

En Aindre, isla del río Loira, san Ermelando, Abad, cuya gloriosa vida se recomienda por sus insignes milagros.

En Pistoya de Toscana, los santos Confesores Baroncio y Desiderio.

En Montefiascone, santa Lucía Filippini, Fundadora del Instituto de Maestras Pías que lleva su nombre, benemérita de la Cristiana educación de las niñas y mujeres principalmente pobres; a la cual el Papa Pío XI puso en el número de las santas Vírgenes.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.