25 octubre

Santos Crisanto y Daría, Mártires

«No andéis, pues, acongojados por el día de mañana; que el día de mañana harto cuidado traerá por sí; bástale a cada día su propio afán» (Mateo 6, 34).

En Roma, los santos Mártires Crisanto y Daría, su mujer, los cuales, después de muchos suplicios que de orden del Prefecto Ceferino toleraron por Cristo, fueron, por mandato del Emperador Numeriano, arrojados al arenal de la vía Salaria, y allí, con piedras y tierra, sepultados vivos. † martirizados hacia el año 283.

San Crisanto y Santa Daría no pudieron ser inducidos, ni por las amenazas ni por las promesas, a adorar a los ídolos. Viéndolos firmes y dispuestos a morir antes que ofender a Dios, el tirano hizo envolver a Crisanto en la piel de un buey y lo expuso así a los ardores de un sol ardiente; hizo conducir a Daría a un lugar de libertinaje, pero un león la defendió contra las infames tentativas de sus enemigos. Entonces el tirano los hizo arrojar a los dos en un gran brasero, pero salieron de entre las llamas sin haber experimentado mal alguno. Por fin, fueron conducidos a un arenal y allí enterrados vivos bajo un montón de piedras.

Oración: Haced, benignamente, Señor, que vuestros mártires San Crisanto y Santa Daría intercedan por nosotros, a fin de que tributándoles nuestros humildes homenajes, experimentemos los efectos de su constante protección. Por J. C. N. S.

Allí mismo, el triunfo de san Marcelino, Papa y Mártir, el cual, en tiempo de Maximiano, juntamente con Claudio, Girino y Antonino, fue por la fe de Cristo degollado. Fue tan grande la persecución de aquel tiempo, que en el espacio de un mes fueron coronados diecisiete mil Cristianos. La fiesta de san Marcelino, junto con la de san Cleto, Papa y Mártir, se celebra el 26 de Abril.

En Perigueux de Francia, san Frontón, el cual, ordenado Obispo por san Pedro Apóstol, en unión del Presbítero Jorge, convirtió a Cristo gran ’muchedumbre de aquella gente, y esclarecido en milagros, murió en paz.

En Roma, el triunfo de cuarenta y seis santos soldados, que, bautizados juntamente por el Papa Dionisio, fueron al punto de orden del Emperador Claudio degollados y sepultados en la via Salaria; donde también fueron depositados otros ciento veintiún Mártires, y entre ellos cuatro soldados de Cristo: Teodosio, Lucio, Marcos y Pedro.

En Torres de Cerdeña, los santos Mártires Proto, Presbítero, y Jenaro, Diácono; los cuales enviados a aquella isla por san Cayo Papa, allí mismo en tiempo de Diocleciano y del Presidente Bárbaro, fueron inmolados.

En Constantinopla, el triunfo de los santos Martirio, Subdiácono, y Marciano, Cantor, que en tiempo del Emperador Constancio fueron muertos por los herejes.

En Soissons de Francia, los santos Mártires Crispín y Crispiniano, nobles Romanos, que en la persecución de Diocleciano, siendo Presidente Ricciovaro, después de atroces tormentos, pasados a cuchillo lograron la corona del martirio. Sus cuerpos fueron más tarde llevados a Roma y sepultados honoríficamente en la Iglesia de san Lorenzo in Paneperna.

En Florencia, el martirio de san Miniato, soldado, que, en tiempo del Emperador Decio, peleando como bueno por la fe de Cristo, fue coronado de un noble martirio.

En Brescia, la gloriosa muerte de san Gaudencio, Obispo, ilustre en santidad y doctrina.

En Gevaudán de Francia, san Hilario, Obispo.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.