3 diciembre

San Francisco Javier, Religioso, Presbítero y Confesor de la Fe

Híceme flaco con los flacos, para ganar a los flacos. Híceme todo para todos, para salvarlos a todos» (1 Corintios 9, 22).

San Francisco Javier, Sacerdote de la Compañía de Jesús, Apóstol de las Indias y Confesor, celestial Patrono de la asociación y de la obra de la Propagación de la Fe, y de todas las Misiones; que descansó en paz el día 2 de este mes. n. 7 de abril de 1506 en Castillo de los Jaso (Navarra); † 3 de diciembre de 1552 en Sancián, China.

Patrono de las misiones; misioneros; Apostolado de la Oración; propagación de la fe; navegantes. Protector contra las epidemias.

San Francisco Javier, nacido en Navarra en 1506, fue convertido en París por San Ignacio de Loyola y, en 1541, partió para las Indias y después llevó, era la primera vez que se lo hacía, al Japón la luz de la fe. Convirtió decenas de millares de almas, sanó inmenso número de enfermos, resucitó muertos y calmó tempestades. Su amor por los sufrimientos le hacía rehusar los consuelos del Cielo y desear las fatigas. En medio de las delicias con que el Señor inundaba su alma, exclamaba: ¡Basta! y en sus sufrimientos: ¡Señor, dadme más! Murió en 1552, en la isla de Sancián, frente a la China en la que tanto había deseado predicar el Evangelio.

Oración: Oh Dios, que habéis querido unir a vuestra Iglesia los pueblos de la India mediante la predicación y los milagros del bienaventurado Francisco, concedednos, en vuestra misericordia, que imitemos las virtudes de aquél de quien hoy honramos los gloriosos méritos. Por J. C. N. S.

En Judea, san Sofonías, Profeta.

En Roma, los santos Mártires Claudio, Tribuno, su mujer Hilaria y sus hijos, Jasón y Mauro, con setenta soldados. A Claudio mandó el Emperador Numeriano que atándole una gran piedra, lo precipitasen en el río; a los soldados y a los hijos de Claudio sentenció a ser decapitados; santa Hilaria, habiendo enterrado los cuerpos de sus hijos, poco después orando delante de su sepulcro, fue detenida por los Paganos, y encerrada en una cárcel, pasó al Señor.

En Tánger de Mauritania, el suplicio de san Casiano, Mártir, el cual, habiendo ejercido mucho tiempo el oficio de notario público, por fin, admirando las intrépidas respuestas del Centurión san Marcelo y su inconmovible constancia en la fe de Cristo, juzgando, por inspiración del cielo, cosa execrable el contribuir a la muerte de los Cristianos, renunció el oficio y, confesando a Cristo, cortada la cabeza, mereció obtener el triunfo del martirio.

En África también, los santos Mártires Claudio, Crispín, Magina, Juan y Esteban.

En la Panonia, san Agrícola, Mártir.

En Nicomedia, el suplicio de los santos Ámbico, Víctor y Julio.

En Milán, san Mirocletes, Obispo y Confesor, de quien alguna vez hace mención san Ambrosio.

En Dorchester de Inglaterra, san Birino, que fue el primer Obispo de la misma ciudad.

En Coira de Germania, san Lucio, Rey de los Britanos, el primero de aquellos Reyes que recibió la fe de Cristo en tiempo de san Eleuterio Papa.

En Sena de Toscana, san Galgano, Ermitaño.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.