5 julio

San Antonio María Zacaría, Confesor de la fe

En Cremona de Lombardía, san Antonio-María Zacaría, Confesor, que fue Fundador de los Clérigos Regulares de san Pablo y de las Vírgenes Angélicas; e insigne en todas las virtudes y en milagros, fue canonizado por el Papa León XIII. Su cuerpo se venera en Milán, en la Iglesia de san Bernabé.

Antonio María fue obra de la gracia, que comenzó por materializarse en el regalo de una piadosísima madre; de su seno salió a contemplar la luz de este mundo y de sus brazos tuvo la dicha indecible de volar a contemplar la claridad de Dios. La buena Antonieta Pescaroli recibió con conciencia de responsabilidad el encargo y la confianza que la Providencia en ella depositó al darle un hijo para hacer de él un buen cristiano; por fidelidad a él, y para mejor dedicarse a su formación, rehusó la joven viuda un nuevo matrimonio. Antonio María Zacarías pudo así aprender de su madre a ser pobre para poder ser caritativo, hasta tanto que, con el fin de facilitar a ésta el ejercicio de la caridad en favor de los necesitados, renunció notarialmente a los bienes que le correspondían por herencia paterna; se nos hará, pues, natural que, como un necesitado más, solicite humilde de su madre lo indispensable para su sustento, sin permitirse jamás nada que pueda parecer superfluo o lujoso; para Antonio María supondría ello privar a otros de lo necesario para vivir.

Oración: Concédenos, Señor, crecer, según el espíritu de san Pablo, apóstol, en el conocimiento incomparable de tu Hijo Jesucristo, que impulsó a san Antonio María Zaccaría a proclamar en tu Iglesia la palabra de salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

En Roma, santa Zoé, Mártir, mujer del santo Mártir Nicóstrato; la cual, en tiempo del Emperador Diocleciano, orando delante del sepulcro de san Pedro Apóstol, fue apresada por los perseguidores y encerrada en una oscurísima cárcel; después, colgada de un árbol por el cuello y los cabellos, y haciéndole debajo una horrible humareda, en la confesión del Señor entregó su espíritu.

En Jerusalén, san Atanasio, Diácono, que, por defender el santo Concilio de Calcedonia, fue preso por los herejes, los cuales, después de hacerle probar todo género de tormentos, le acabaron la vida con el hierro.

En Siria, el triunfo de san Domicio, Mártir, que con sus milagros dispensa, muchos beneficios a las gentes de aquella tierra.

En Sicilia, los santos Mártires Agatón y Trifina.

En Tomis de Escitia, los santos Mártires Marino, Teódoto y Sédofa.

En Cirene de Libia, santa Cirila, Mártir, la cual, en la persecución de Diocleciano, retuvo mucho tiempo en la mano los carbones encendidos con incienso, porque no pareciese que al arrojar los carbones ofrecía incienso a los ídolos; después, horriblemente despedazada, hermoseada con su propia sangre, voló al Esposo.

En Tréveris, san Numeriano, Obispo y Confesor.

En Septémpeda del Piceno, santa Filomena, Virgen.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.