6 diciembre

San Nicolas de Bari, Obispo y Confesor de la Fe

«Dejad a los niños, y no les impidáis venir a Mí; porque de los que son como ellos es el reino de los cielos». (Mateo 19, 14).

En Mira, metrópoli de Licia, el tránsito de San Nicolás, Obispo y Confesor, de quien, entre muchos insignes milagros, se cuenta éste muy memorable: que, estando lejos, se apareció al Emperador Constantino, y con persuasiones y amenazas le convenció a perdonar la vida a unos hombres que invocaban al Santo. † hacia el año 346 en Mira.

Patrono de la juventud; estudiantes; escolares; niños y muchachos; jueces; solteras; novias; recién casados; pescadores; marineros; comerciantes; pobres; prisioneros; cautivos; farmacéuticos; panaderos; trabajadores portuarios; peregrinos; viajeros. Protector contra los robos y ladrones.

San Nicolás, noble de Licia, en Asia Menor, fue modelo de escolares antes de llegar a ser su santo patrono. Después de la muerte de sus padres, empleó todos sus bienes en obras pías. Un día, sabiendo que la virtud de tres jovencitas caídas en la miseria corría peligro, les deslizó durante la noche, por las hendijas de su ventana, con qué poder establecerse honestamente. Sanaba a todos los enfermos que a él acudían y resucitó a un muerto mientras iba a los Santos Lugares. Elegido obispo de Mira, fue torturado, puesto en prisión bajo Diocleciano, salió de ella bajo el reinado de Constantino, a quien se le apareció para la liberación de tres comisarios imperiales, víctimas de la calumnia y condenados a la pena capital. Distinguiose, después, en el Concilio de Nicea. En sus últimos momentos vio que los ángeles salían a su encuentro.

Oración: Oh Dios, que al bienaventurado Nicolás pontífice hiciste ilustre por un gran número de milagros, concedednos por sus méritos e intercesión, la gracia de librarnos de las llamas eternas. Por J. C. N. S.

El mismo día, san Policronio, Presbítero, que en tiempo del Emperador Constancio, mientras celebraba la Misa delante del altar, fue acometido de los Arríanos y degollado.

En África, san Mayórico, hijo de santa Dionisia, el cual, siendo jovencito y temiendo los suplicios, fortalecido con las señas y las palabras de su madre, fue el más esforzado de todos, y en medio de los tormentos entregó su espíritu. Su madre, abrazándose a él, le enterró en su casa, y junto a su sepulcro acostumbraba hacer frecuentemente oración.

Allí mismo, las santas mujeres Dionisia, madre de san Mayórico Mártir, Dativa, Leoncia y un religioso varón, por nombre Tercio, Emiliano, médico, y Bonifacio, con otros tres. Todos ellos, en la persecución Vandálica, reinando Hunerico Arriano, en defensa de la fe católica, atormentados con gravísimos e innumerables suplicios, merecieron ser asociados al número de los Confesores de Cristo.

En Roma, santa Asela, Virgen, la cual, según escribe san Jerónimo, fue bendita desde las entrañas de su madre, y pasó la vida en ayunos y oraciones hasta la vejez.

En Granada de España, el suplicio de san Pedro Pascual, Obispo de Jaén y Mártir, de la Orden de nuestra Señora de la Merced, Redención de Cautivos.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.