7 octubre

NUESTRA SEÑORA, LA VIRGEN DEL ROSARIO

La fiesta del santísimo Rosario de la bienaventurada Virgen María, y también la conmemoración de santa María de la Victoria, que el Sumo Pontífice san Pío V ordenó se celebrase cada año por la insigne victoria naval conseguida en este día por los Cristianos, con el auxilio de la misma santísima Madre de Dios, contra los turcos.

La memoria de la Bienaventurada Virgen María del Rosario , que se celebra precisamente hoy, y el compromiso misionero, al que está dedicado este mes de modo especial. La imagen tradicional de la Virgen del Rosario representa a María que con un brazo sostiene al Niño Jesús y con el otro presenta el rosario a santo Domingo. Esta significativa iconografía muestra que el rosario es un medio que nos ofrece la Virgen para contemplar a Jesús y, meditando su vida, amarlo y seguirlo cada vez con más fidelidad. Es la consigna que la Virgen dejó también en diversas apariciones. Pienso, de modo particular, en la de Fátima, acontecida hace 90 años. A los tres pastorcillos Lucía, Jacinta y Francisco, presentándose como “la Virgen del Rosario”, les recomendó con insistencia rezar el rosario todos los días, para obtener el fin de la guerra. También nosotros queremos acoger la petición materna de la Virgen, comprometiéndonos a rezar con fe el rosario por la paz en las familias, en las naciones y en el mundo entero. Sin embargo, sabemos que la verdadera paz se difunde donde los hombres y las instituciones se abren al Evangelio. El mes de octubre nos ayuda a recordar esta verdad fundamental mediante una especial animación que tiende a mantener vivo el espíritu misionero en todas las comunidades y a sostener el trabajo de todos aquellos —sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos— que trabajan en las fronteras de la misión de la Iglesia.

En Roma, en la vía Ardeatina, el tránsito de san Marcos, Papa y Confesor.

En la provincia llamada Augusta del Eufrates, los santos Mártires Sergio y Baco, nobles Romanos, en el imperio de Maximiano. A Baco azotaron con duros nervios, hasta que, despedazado todo el cuerpo, expiró confesando a Cristo; a Sergio pusieron un calzado erizado de clavos, mas permaneciendo inconmovible en la fe, por sentencia del Juez fue degollado. Del nombre de san Sergio el sitio donde está sepultado, se llamó Sergiópolis, y por los insignes milagros es venerado con numerosa concurrencia de los fieles.

En Roma, los santos Mártires Marcelo y Apuleyo, los cuales, primero siguieron a Simón Mago; mas, viendo las maravillas que por el Apóstol Pedro obraba el Señor, ambos, dejando a Simón, se aplicaron a la doctrina Apostólica, y después del martirio de los Apóstoles, en tiempo del Consular Aureliano, reportaron la corona del martirio, y fueron sepultados no lejos de la Ciudad.

Iguamente en Augusta del Eufrates, santa Julia, Virgen, la cual, en tiempo del Presidente Marciano, consumó el martirio.

En Padua, santa Justina, Virgen y Mártir, que, bautizada por san Prosdócimo, discípulo de san Pedro, y perseverando constante en la fe de Cristo, traspasada con un cuchillo de orden del Presidente Máximo, pasó al Señor.

En Bourges de Aquitania, san Augusto, Presbítero y Confesor.

En una aldea de Reims, san Helano, Presbítero.

En Suecia, la Traslación del cuerpo de santa Brígida, Viuda.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.