8 marzo

San Juan de Dios, Confesor

En Granada de España, San Juan de Dios, Confesor, que fue Fundador de la Orden de Hermanos Hospitalarios de los enfermos, e insigne por su misericordia con los pobres y por el desprecio de sí mismo; a quien el Sumo Pontífice León XIII declaró celestial Patrono de todos los hospitales y enfermos.

Este santo tenía más avidez de humillación y de menosprecio que la que tienen los hombres mundanos de honores y distinciones. Un día, una mujer lo colmó de injurias y lo trató de hipócrita, y él, secretamente, diole dinero, comprometiéndola a repetir lo dicho en la plaza pública. El arzobispo de Granada le reprochó, porque recibía en el hospital que administraba, a vagabundos y a personas poco recomendables; arrojose el santo a los pies del prelado diciéndole: “No conozco en el hospital a otro pecador fuera de mí mismo, que soy indigno de comer el pan de los pobres”. Otro día corrió en todas direcciones sacando enfermos del hospital, que estaba en llamas, y salió al cabo de una media hora sin la menor quemadura. De rodillas exhaló su último suspiro, abrazando a Jesús crucificado, cuya abnegación, mansedumbre y humildad tan bien había imitado.

Oración: Oh Dios, que después de haber abrasado con vuestro amor al bienaventurado Juan, lo hicisteis andar sano y salvo en medio de las llamas y por su intermedio enriquecisteis a vuestra Iglesia con una nueva familia, haced, en consideración a sus méritos, que el fuego de su caridad nos purifique de nuestras manchas y nos eleve hasta la eternidad bienaventurada. Por J. C. N. S.

En Nicomedia, san Quintilo, Obispo y Mártir.

En África, los santos Mártires Cirilo, Obispo, Rogato, Félix, otro Rogato, Beata, Herenia, Felícitas, Urbano, Silvano y Mamilo.

En Antinoo, ciudad de Egipto, el triunfo de los santos Mártires Apolonio, Diácono, y Filemón; los cuales, presos y llevados delante del Juez, como rehusasen constantemente sacrificar a los ídolos, horadados los calcañales, fueron bárbaramente arrastrados por la ciudad, y, por último, pasados a cuchillo, consumaron el martirio.

En el mismo lugar, el martirio de los santos Ariano, Presidente, Teórico y otros tres, a quienes el Juez quitó la vida sumergiéndolos en el mar; pero sus cuerpos fueron, por ministerio de los delfines, sacados a la playa.

En Cartago, san Poncio, que fue Diácono del Obispo san Cipriano, y, sufriendo con él el destierro hasta la muerte de éste, dejó un excelente libro de la vida y martirio del mismo, y glorificando siempre al Señor en sus padecimientos, mereció la corona de la vida.

En Toledo de España, la feliz muerte de san Julián, Obispo y Confesor, en santidad y doctrina celebérrimo.

En Inglaterra, san Félix, Obispo, que convirtió a la fe los Ingleses orientales.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.