9 enero

En la ciudad de Canterbury, en Inglaterra, san Adriano, abad, el cual, nacido en África, llegó a Inglaterra desde la ciudad de Nápoles, de la Campania, y muy preparado en ciencias eclesiásticas y civiles, educó egregiamente a gran número de discípulos (710).

En Antioquía, en el imperio de Diocleciano y Maximiano, el triunfo de los santos Julián, Mártir, y Basilisa, Virgen, esposa del mismo Julián. Ésta, habiendo guardado virginidad con su marido, acabó en paz sus días; Julián (después de abrasados en la hoguera gran multitud de Sacerdotes y Ministros de la Iglesia de Cristo, que, por lo atroz de la persecución, se habían allí refugiado), por sentencia del Presidente Marciano, fue atormentado con muchísimos suplicios y sentenciado a muerte. Padecieron también con él Antonio Presbítero, y Anastasio, a quien el mismo Julián había resucitado y hecho participante de la gracia de Cristo; el niño Celso, juntamente con su madre Marcionila, y siete hermanos, y otros muchísimos.

En Esmirna, los santos Mártires Vidal, Revocato y Fortunato.

En África, los santos Mártires Epicteto, Jocundo, Segundo, Vidal, Félix y otros siete.

En la Mauritania Cesariense, santa Marciana, Virgen; la cual, echada a las fieras, consumó el martirio.

En Sebaste de Armenia, san Pedro, Obispo, hijo de los santos Basilio y Enmelia, y hermano también de los santos Obispos Basilio Magno y Gregorio Niceno, y de santa Macrina, Virgen.

En Ancona, san Marcelino, Obispo, que, según escribe san Gregorio Papa, por divina virtud libró de un incendio aquella ciudad.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

R. Deo Gratias.