Día veinticuatro


Oraciones inciales para todos los días

Acto de contrición. ¡Dulcísimo Corazón de Jesús, que en este Divino Sacramento estás vivo e inflamado de amor por nosotros! Aquí nos tienes en vuestra Presencia, pidiendo perdón de nuestras culpas e implorando vuestra misericordia. Nos pesa, ¡oh buen Jesús!, haberte ofendido, por ser Vos tan bueno que no mereces tal ingratitud. Concédenos luz y gracia para meditar tus virtudes y formar según ellas nuestro pobre corazón. Amén.

Oración Preparatoria. Oh Dios, que, por medio del Corazón de vuestro Hijo, herido por nuestras culpas, os dignáis en vuestra misericordia infinita darnos los tesoros de vuestro amor; os pedimos nos concedáis que, al presentaros el devoto obsequio de nuestra piedad, le ofrezcamos también el homenaje de una digna satisfacción. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Invocaciones.

a) Sagrado Corazón de Jesús, circundado de espinas, haced que aceptemos los sufrimientos de esta vida como expiación por nuestros muchos pecados e ingratitudes y en reparación contra las ofensas que se os infieren, especialmente en la Santísima Eucaristía. Os lo pedimos por intercesión de vuestra Madre Dolorosa. (Pater, Ave y Gloriapatri)

b) Sagrado Corazón de Jesús, inflamado por las llamas de vuestra inmensa caridad, haced que nuestros corazones se abrasen en ese divino fuego y sean purgados de todo afecto desordenado como el oro en el crisol, de modo que en Vos se hagan uno como ofrenda de amor agradable a Dios. Os lo pedimos por el Corazón Inmaculado de María. (Pater, Ave y Gloriapatri)

c) Sagrado Corazón de Jesús, abierto por la lanza del soldado a quien revelásteis vuestra divinidad, permitid que nos refugiemos en el seguro asilo de vuestro amor y que en él moremos como antesala del Cielo, donde esperamos gozar de la visión beatífica. Os lo pedimos por vuestra Madre la Corredentora. (Pater, Ave y Gloriapatri)

Meditación del día

Vigésimo cuarto año de la vida de Jesús

Paciencia del Corazón de Jesús

Jesús fue paciente: 1. En sus padecimientos. II. En su trato con los hombres. III. En sus deseos.

I. El Corazón de Jesús fue paciente en las penas, en las humillaciones, y en las injurias. Llevó con paciencia los rigores de la pobreza, y la fatiga de un trabajo penoso. Fue paciente en medio de las persecuciones que le suscitaron sus enemigos; en medio de las muchas calumnias, y acusaciones de que fue objeto; y fue paciente hasta el extremo de no desplegar sus labios para quejarse. Todos los males llovieron sobre él, como que venía cargado con la responsabilidad de nuestras culpas. El cielo, la tierra, el infierno; Dios, los hombres, los demonios, todos parecían armados contra él… y sin embargo, hecho el blanco de tan furiosos tiros, permanece inmóvil, semejante a una roca azotada por las olas, siempre pacífico, siempre sumiso: Verumtamen Deo subjecta esto, anima mea (Ps. 61). ¡Oh paciencia verdaderamente divina e incomprensible… ¡Ay! ¡Cuán poco se necesita para que yo pierda la paz y la sumisión! Y eso, que soy pecador; y como tal, condenado a sufrir. Mucho más merezco; diré, siempre que me sobrevenga alguna adversidad; mas merezco y no tengo derecho para quejarme. También consideraré que los padecimientos tienen grandes ventajas; porque el padecer engendra la paciencia, y la paciencia perfecciona la obra: Patientia opus perfectum habet (Jac. 1). Oh vosotros, los que gemís bajo el peso de las aflicciones, mirad a Jesús; llegad hasta su sagrado Corazón; levantad vuestros ojosa la cruz; contemplad el altar donde mora; no obstante la ingratitud, la indiferencia y las sacrílegas profanaciones de tanto mal cristiano, y aprenderéis a tener paciencia. ¡Alma mía! ¿Será posible que rehúses someterte a tu Dios? Si necesitas nuevos motivos para esta sumisión, ponla vista en el cielo… ¡.Ah! ¿Qué son los males de la tierra comparados con los bienes de la eternidad?

II. Jesús fue paciente en el trato con los hombres. Sin hablar de la bondad con que trató a sus enemigos y aun a sus mismos verdugos, considerad con cuánta paciencia se condujo con el pueblo grosero y con sus discípulos ignorantes? ¿Cuánto no tuvo que sufrir, de parte de los apóstoles, que después de tres años de estar en compañía suya aún se mostraban tan imperfectos? ¡Cuánta dulzura tuvo con ellos! ¡Cuánta bondad, qué inalterable paciencia, qué condescendencia tan cariñosa! solo un Dios puede portarse así… ¿Y se conduce de otra suerte en la sagrada Eucaristía, donde a cada instante se ve expuesto a nuevos ultrajes de parte de las más viles y malvadas criaturas? Entre tanto, yo no puedo soportar el menor defecto en los demás. Pero si tú no puedes sufrir a otros, ¿quién le sufrirá a tí? decía san Agustín: Non toleras ¿quis te tolerabit? Aunque los defectos que tú crees notar en tus hermanos sean realmente tales; aunque tú estés enteramente libre de ellos, debes, seguir el consejo del Apóstol, compadecerte de las flaquezas de tu prójimo, y no complacerte vanamente en tu propia excelencia (Rom. 18). Hermanos míos, dice san Pablo, sed pacientes con todos: Patientes estate ad omnes (I. Thess. 5). ¡Oh! si fueses verdaderamente humilde ¿podrías dejarte llevar de la ira contra el que te molesta? ¿Quién eres tú para juzgar y condenar a tu hermano, tu quis es quijudicas alienum servum? (Rom. 14). ¿Y de dónde proviene Vuestro enojo? De la pasión. ¿Qué sacas de impacientarte? esto cuando menos, es inútil para remediar el mal; y no solo inútil, pero nocivo: luego la impaciencia, es al mismo tiempo, una falta, una locura y una desgracia; y al contrario, el conservar la paz es una virtud, es cordura, y es una dicha. Así que, prepara tu alma pre viendo las ocasiones en que puedas necesitar de la paciencia.

III. El Corazón de Jesús es paciente en sus deseos. No es raro que la actividad natural y la precipitación maleen poco o mucho el celo de las personas piadosas, por la impaciencia y desaliento con que llevan cualquier tardanza o contrariedad en la realización de lo que pretenden. Las almas demasiadamente ardientes, cuando se han propuesto hacer el bien, no se acomodan fácilmente a esperar. Otra es la conducta del Corazón de Jesús. Nadie como él deseó con tanto ardor hacer bien a todos; pero nadie estuvo más tranquilo, más resignado, más pacífico para esperar el cumplimiento de sus deseos. Jesucristo ve combatidos y trastornados sus designios para salvar a los hombres; ve a los pecadores obstinarse y despreciar su gracia; ve triunfantes a sus enemigos; y sin embargo, no se indigna: ¿Qué digo no se indigna? espera años, y años, a que le abran la puerta de un corazón para entrar en él; y por más prolongada que haya sido la resistencia, recibe con bondad al pecador, y le perdona amorosamente. ¡Oh! ¡Cuan bueno es nuestro Dios! iCuán suave y lleno de paciencia, disponiéndolo todo con misericordia! (Sap. 15). Imitemos este modelo tan perfecto, y aprendamos como él mismo lo recomienda a poseer nuestras almas con la paciencia (Luc. 21), y a esperar el tiempo de la gracia sin desanimarnos ni desconfiar de nadie. ¡O paciencia! palabra breve, pero llena de sentido.

Oración

Oh, Jesús, amable Salvador mio, que os habéis hecho hombre y habéis pasado treinta y tres años en esta tierra miserable para enseñarnos el camino del cielo: hacedme la gracia de que honre estos años de vuestra vida, practicando las virtudes de que Vos me dais ejemplo. Enseñadme a imitar vuestro Sagrado Corazón. ¡Oh, Jesús ! ya que sois mi Modelo, mi Maestro, mi Redentor y mi Padre, dignaos alumbrar mi entendimiento, purificar mi corazón, y fortalecer mi voluntad. Gobernad, dirigid y santificad todas mis acciones; enseñadme a hacer buen uso de las potencias de mi alma, y de los sentidos de mi cuerpo. ¡Oh, buen Jesús! estad siempre presente a mi imaginacion; haced que mis labios pronuncien a menudo vuestro adorable nombre; que mi corazón se ocupe sin cesar en vuestro amor; que no desee ni busque más que vuestra Gloria en todas las cosas; que no trabaje ni viva sino por Vos. Esta gracia tambien os la pido para todos los hombres. ¡Cuán pocos son los que os aman sinceramente! ¡Jesús! ¡Oh, buen Jesús! ¡Oh, Salvador mio! ¡Mirad el género humano agobiado bajo el peso de sus miserias, o más bien de sus crímenes! ¡Acordaos de los que habéis querido tener por hermanos! ¡Acabad vuestra obra, teniendo piedad de nosotros! Os lo pido, amable Redentor mio, mi única esperanza, por los méritos de vuestra santa Vida, de vuestra dolorosa Pasión, de vuestra preciosa Muerte, y de vuestra Resurrección gloriosa. Os lo pido por el dulce Nombre que llevais, por vuestro Sagrado Corazón que tanto nos ha amado, y del que os dignáis hacernos entrega para que nos sirva de asilo y de refugio; y para que sea nuestra fortaleza y esperanza, en estos aciagos dias. Os lo pido por la intercesion de vuestra santísima Madre, que lo es tambien nuestra. Os ofrezco con esta intención, mis obras y trabajos de este día, unidos a vuestras obras y trabajos, y sobre todo al adorable sacrificio del Altar, que se renueva a cada instante en una u otra parte de la tierra. ¡Oh, Jesús! oid, escuchad a vuestros hijos, tened misericordia de nosotros. ¡Corazón dulcísimo de Jesús! haced que de cada dia os ame más. ¡Oh, María concebida sin pecado, rogad por nosotros que acudimos a Vos!

Letanías del Sagrado Corazón de Jesús

Señor, ten piedad de nosotros
Cristo, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros
Cristo óyenos, Cristo óyenos
Cristo escúchanos, Cristo escúchanos

Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros
Dios Hijo redentor del mundo,
Dios Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, que eres un solo Dios

Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Padre,
Corazón de Jesús, Formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen,
Corazón de Jesús, Unido sustancialmente al Verbo de Dios,
Corazón de Jesús, Templo Santo de Dios,
Corazón de Jesús, Tabernáculo del Altísimo,
Corazón de Jesús, Casa de Dios y Puerta del Cielo,
Corazón de Jesús, Horno Ardiente de Caridad,
Corazón de Jesús, Santuario de Justicia y de Amor,
Corazón de Jesús, Lleno de Bondad y de Amor,
Corazón de Jesús, Abismo de todas las virtudes,
Corazón de Jesús, Dignísimo de toda alabanza,
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones,
Corazón de Jesús, en Quien se hallan todos los tesoros de la sabiduría
Corazón de Jesús, en Quien reside toda la plenitud de la Divinidad,
Corazón de Jesús, en Quien el Padre halló sus complacencias,
Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido,
Corazón de Jesús, Deseo de los eternos collados,
Corazón de Jesús, Paciente y lleno de misericordia,
Corazón de Jesús, Generoso para todos los que te invocan,
Corazón de Jesús, Fuente de vida y santidad,
Corazón de Jesús, Propiciación por nuestros pecados,
Corazón de Jesús, Saciado de oprobios,
Corazón de Jesús, Hecho Obediente hasta la muerte,
Corazón de Jesús, Traspasado por una lanza,
Corazón de Jesús, Fuente de todo consuelo,
Corazón de Jesús, Vida y resurrección nuestra,
Corazón de Jesús, Paz y reconciliación nuestra,
Corazón de Jesús, Víctima por los pecadores,
Corazón de Jesús, Salvación de los que en ti esperan,
Corazón de Jesús, Esperanza de los que en ti mueren,
Corazón de Jesús, Delicia de todos los Santos,

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
perdónanos, Señor.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
escúchanos, Señor.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.

Oremos: Omnipotente y Eterno Dios, inclinad vuestros ojos hacia el amabilísimo Corazón de vuestro Hijo: mirad las alabanzas y la satisfacción que Él os ofrece en nombre de todos los pecadores, y aplacado por Él conceded el perdón a los que os le imploran en nombre del mismo Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en unidad del Espiritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

Jesucristo, Señor nuestro, que a nadie rechazáis, y que abrís vuestro Corazón a los pecadores contritos, tened misericordia de los que invocan vuestro Santo Nombre; atended a las súplicas de vuestros siervos que desean adoraros en espíritu y verdad, y haced que todos los que viven unidos con el vínculo de una misma sociedad, para dar culto a vuestro sagrado Corazón, en cualquier parte del mundo que estén, gocen de los mismos beneficios de vuestra Misericordia, y merezcan alegrarse en Vos, que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.

Acto de Consagración

Oh Jesús, Salvador y Dios mio; postrado humildemente en vuestro acatamiento, yo me entrego del todo a vuestro Divino Corazón en agradecimiento de todos los beneficios que habéis dispensado a los hombres, y particularmente de la inestimable merced que nos habeis hecho, quedándoos con nosotros en el Santísimo Sacramento del Altar. Quiero dedicarme a dilatar la Gloria de este Corazón adorable, a fin de reparar en cuanto de mí dependa, los ultrajes que os han hecho y os harán los pecadores hasta el fin del mundo. Mi voluntad es satisfacer, con este espíritu de gratitud y de reparacion, por todas mis obligaciones. Aceptad, oh Corazón Sagrado, todos mis pensamientos, mis deseos, mi voluntad, mi memoria, mi libertad, mis obras, en una palabra, toda mi vida. Recibid mis padecimientos y adversidades: yo me entrego a Vos para siempre. No puedo ofreceros más, ojalá fuese yo dueño de los corazones de todos los hombres, para poder presentároslos gozoso en homenaje. Señor, todos los instantes de mi vida os pertenecen, y todas mis acciones son vuestras; no permitáis haya en ellas ninguna cosa que las haga indignas de vuestro adorable Corazón, antes bien haced que las comience, las continúe, y termine por vuestra gracia, y con la sola mira de agradaros y serviros; a este fin las uno a las vuestras, y deseo tener las disposiciones santas y divinas de que vuestro Corazón estuvo siempre animado. Oh, Jesús mio, reinad en mí como Soberano Dueño : haced que yo dependa enteramente de Vos, y que todo mi cuidado sea imitar vuestro adorable Corazón, y que en Él encuentre el modelo perfecto de la santidad, mi fuerza, mi asilo, mi consuelo y esperanza. Amén.

Acto de Desagravio

Oh, Corazón amantísimo de mi Salvador: penetrado del más vivo dolor a vista de las ofensas que habeis recibido y recibís aun todos los dias en el Sacramento del Altar, me postro en vuestra Presencia para desagraviaros de ellas. ¡Ojalá, pudiera yo, con mi veneracion y mi respeto, reparar completamente vuestro Honor menospreciado! ¡Ojalá, me fuese dado borrar, con mis lágrimas y hasta con mi sangre, tantas irreverencias, tantas profanaciones, tantos sacrilegios como contra Vos se cometen! ¡Ojalá pudiera suplir, con llamas de encendido amor, la frialdad y criminal indiferencia de tantos malos cristianos! ¡Oh! ¡Cuán bien empleada estaría mi vida si lograse darla por tan digno motivo! ¡Otorgadme, oh Dios mio, el perdón que imploro de Vos para tantos impíos que os blasfeman; para tantos infieles que os desconocen; para tantos herejes y cismáticos que os deshonran; para tantos católicos ingratos que profanan el Misterio de vuestro Amor; y finalmente para mí, que con tanta frecuencia os he injuriado! Acordaos, oh Jesús, que vuestro Sagrado Corazón, oprimido por el peso de mis culpas se entristeció hasta la muerte, y no permitáis que vuestra Pasión y vuestra Sangre derramada sean inútiles para mí. Trocad mi corazón delincuente, y dadme otro conforme al Vuestro. Dadme un corazón contrito y humillado; un corazón puro y sin mancha; un corazón consagrado a vuestra Gloria, y víctima de vuestro Amor. Por mi parte, Dios mio, os prometo reparar en lo sucesivo tantas irreverencias y sacrilegios con mi modestia en el templo, con mi solicitud en visitaros, con mi devocion y mi fervor en recibiros. Dignaos, Señor, concederme esta gracia, aumentando mi amor hacia Vos, y mirando con agrado el deseo y la resolución que me habeis inspirado Vos mismo. Amén.

Lectura del día

Imitación de Cristo, lib. III, cap. 29

ACTO DE CONSAGRACIÓN A LOS CORAZONES DE JESÚS Y MARÍA.

Oh, Corazón adorable de mi amado Jesús, Trono de todas las virtudes, Manantial inagotable de todas las gracias, ¿qué habeis visto en mí que así os empeñasteis en amarme con tanto exceso, mientras que mi corazón, afeado con mil pecados, no ha tenido para con Vos sino tibieza, insensibilidad y olvido? ¿No bastaba, oh Salvador mio, haberme redimido a costa de tantos trabajos y sudores y de vuestra misma vida, que no contento con esto imaginasteis nuevos medios de manifestarme vuestro tierno Amor, instituyendo la adorable Eucaristía para alimentarme con vuestra propia Sustancia, ofreceros cada día como Víctima de Expiacion por mis pecados, y ser de continuo mi Fiel Compañero durante esta mortal peregrinación? ¡Ah! Señor, ¿de qué modo podré yo corresponder a unos testimonios tan evidentes de la ternura de vuestro Amor para conmigo? Aceptad, por lo menos, oh mi amable Salvador, el deseo que tengo de consagrarme del todo a la Honra y Gloria de vuestro Sagrado Corazón.

Yo os hago libre y espontáneamente donación y entrega de mi persona y mi vida, de mis acciones, trabajos y sufrimientos, deseando ser una víctima ofrecida a vuestra Gloria, ahora abrasada y algun día del todo consumida en las Llamas sagradas de vuestro Amor. Para Vos solo, hicisteis mi corazón, vuestro será en adelante: a Vos se dirigirán todos sus sentimientos y afectos: desde este momento pondré todo mi empeño en que mis deseos sean conformes a los deseos de vuestro Corazon adorable. ¡Oh, mi Dios! ¡Cuán grandes son para conmigo vuestras Misericordias! ¿Y quién soy yo para que os dignéis aceptar el sacrificio de mi tan indigno y miserable corazón? Recibidle, Señor, tal cual es, atendiendo no a la pobreza del don, sino a la sincera voluntad con que os le ofrezco. Enriquecedle Vos con vuestros Divinos Dones y gracias para que os sea mas agradable. Hacedle puro, generoso, mortificado y humilde como el Vuestro, y ahora y siempre sumiso a vuestra Santísima Voluntad.

Y Vos, oh Corazón Purísimo de María, entre todas las puras criaturas el mas adornado de gracia y santidad, Espejo perfectísimo en que resplandecen en sumo grado todas las perfecciones del Corazón de Jesucristo, vuestro Hijo, pedidle tenga por bien de recibir con agrado y bendecir este mi humilde ofrecimiento. Sed Vos misma, oh Madre amantísima, la ejecutora de esta mi voluntaria donación. Y, pues, vuestro purísimo Corazón está tan inseparablemente unido al de Jesús, que sus bienes son los vuestros, y unos mismos son los deseos e intereses de ambos, tomad Vos tambien como cosa y posesion vuestra este mi pobre y mezquino corazón.

Oh, Corazones amabilísimos de Jesús y de María, logre yo la dicha de no apartar jamás mis pensamientos de tan dulces objetos: sed para mí como dos fortalezas inexpugnables que defiendan mi corazón a derecha e izquierda de las asechanzas de mis enemigos interiores y exteriores, visibles e invisibles, para que pasando con seguridad por entre las cosas prósperas y adversas, llegue felizmente al puerto deseado.

Dilatad los senos de vuestra Misericordía, y compadeceos de mis miserias y de las de todos mis prójimos. Mirad las tinieblas de los infieles, la ceguedad de los herejes, el peligroso y lamentable estado de los pecadores, las lágrimas y aflicción de los justos. Dad, oh Sagrados Corazones, a la Iglesia el triunfo tan deseado para Gloria vuestra, y bien de tantas almas, que sin un pronto remedio se perderán para siempre. ¡Oh, Corazón amante de Jesús! ¡Oh tierno y compasivo Corazón de María! unidnos a todos en unos mismos sentimientos de fraterna unión y caridad, de odio al pecado, de humilde sumisión a la Santa Iglesia, y de deseos de vivir en todo sujetos a vuestra voluntad, para crecer cada día mas en vuestro Amor, y lograr la dicha de alabaros y bendeciros por toda la eternidad en la Gloria. Amén.

ANTÍFONA.

Alégrese tu Corazón, oh Maria, en Dios tu Salvador, porque le ha engrandecido el que todo lo puede.
-. O Maria inmaculada, dulce y humilde de Corazón.
-. Vuelve mi corazón semejante al de Jesús.

ORACIÓN.

Clementísimo Dios, que para salvación de los pecadores y consuelo de los desgraciados quisisteis enriquecer al purísimo Corazón de la bienaventurada Virgen María con los sentimientos de Caridad y Misericordia tan conformes a los del Divino Corazón de Jesucristo, vuestro Hijo, conceded a todos los que honramos a este dulcísimo y amantísimo Corazón, que por los méritos e intercesión de la misma Virgen Sacratísima nos halléis conformes al Corazón de Jesós. Os lo pedimos por el mismo Señor Jesucristo, que con Vos vive y reina en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.