Día veintisiete


Oraciones inciales para todos los días

Acto de contrición. ¡Dulcísimo Corazón de Jesús, que en este Divino Sacramento estás vivo e inflamado de amor por nosotros! Aquí nos tienes en vuestra Presencia, pidiendo perdón de nuestras culpas e implorando vuestra misericordia. Nos pesa, ¡oh buen Jesús!, haberte ofendido, por ser Vos tan bueno que no mereces tal ingratitud. Concédenos luz y gracia para meditar tus virtudes y formar según ellas nuestro pobre corazón. Amén.

Oración Preparatoria. Oh Dios, que, por medio del Corazón de vuestro Hijo, herido por nuestras culpas, os dignáis en vuestra misericordia infinita darnos los tesoros de vuestro amor; os pedimos nos concedáis que, al presentaros el devoto obsequio de nuestra piedad, le ofrezcamos también el homenaje de una digna satisfacción. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Invocaciones.

a) Sagrado Corazón de Jesús, circundado de espinas, haced que aceptemos los sufrimientos de esta vida como expiación por nuestros muchos pecados e ingratitudes y en reparación contra las ofensas que se os infieren, especialmente en la Santísima Eucaristía. Os lo pedimos por intercesión de vuestra Madre Dolorosa. (Pater, Ave y Gloriapatri)

b) Sagrado Corazón de Jesús, inflamado por las llamas de vuestra inmensa caridad, haced que nuestros corazones se abrasen en ese divino fuego y sean purgados de todo afecto desordenado como el oro en el crisol, de modo que en Vos se hagan uno como ofrenda de amor agradable a Dios. Os lo pedimos por el Corazón Inmaculado de María. (Pater, Ave y Gloriapatri)

c) Sagrado Corazón de Jesús, abierto por la lanza del soldado a quien revelásteis vuestra divinidad, permitid que nos refugiemos en el seguro asilo de vuestro amor y que en él moremos como antesala del Cielo, donde esperamos gozar de la visión beatífica. Os lo pedimos por vuestra Madre la Corredentora. (Pater, Ave y Gloriapatri)

Meditación del día

Vigésimo séptimo año de la vida de Jesús

Humillaciones y Gloria del Corazón de Jesús

I. Profundidad de las humillaciones de Jesús. II. Sublimidad de su gloria.

I. Humillaciones del Corazón de Jesús, llevadas hasta donde podían llegar. El primer paso del Salvador en el camino de las humillaciones fue hacerse hombre: Verbum caro faclum est. Considerando el Apóstol la inmensa distancia que separa la divinidad de la humanidad, llama a la encarnación anonadamiento: Semetipsum exinanivit (Phil. 2). Pero esto, aun no pareció a Cristo bastante. Habría podido nacer en medio del poder y grandeza; y sin embargo toma la condición de esclavo, que es lo más vil que hay en el hombre: Formam serví accipiens (Phil. 2). Non veni ministrari, sed ministrare (Mat. 20 j. Pasó más adelante: quiso ser un hombre despreciado, el último de los hombres: Despectum et novissimum viroritm (Is. 53). Aún más: se reconoce menos que hombre: un gusano de la tierra: Ego sum vermis et non homo (Ps. 21); el oprobio de los hombres, y el desecho de la plebe: Opprobrium hominum et abjectio plebis. Por último: fue tratado como un mentecato, llevando las insignias de tal. ¿Hay bastante ya Salvador mío? No: todavía no basta. Jesús, desciende más, echando sobre sí nuestras iniquidades, y consintiendo en cargar con la responsabilidad, la vergüenza, y la ignominia de ellas. Y no parece un pecador como quiera, sino un reo: Cum sceleratis reputatus est (Is. 53); es pospuesto a Barrabás, crucificado entre dos ladrones, y objeto de maldición a los ojos de Dios: Factus est pro nobis malediclum (Gal. 3). Nos pareció, dice el Profeta, como un leproso, y como un hombre herido de la mano de Dios y humillado (Is. 53). ¿De cuánto menosprecio no fue el blanco, durante su vida mortal? No solo rehúsan los hombres confesarle por Dios, sino que al contrario, le acusan de sedicioso y le condenan. Unos le calumnian, otros le blasfeman, no falta quien le hace traición, y hasta sus amigos le abandonan. Lo que Jesucristo padeció durante su vida mortal, lo padece aun en su vida eucarística, expuesto como está a tantas profanaciones. ¡O Dios! ¿Quién puede comprender tal exceso de humillación? ¿Qué palabras bastarán a explicarla, sino diciendo con el Profeta: Será harto de oprobios? Saturabitur opprobriis (Thren. 3). Hagamos alto aquí, alma mía. ¿Quién merece más la humillación, el que es realmente pecador, o el que lleva solamente la apariencia del pecado? ¿Hay humillaciones en la tierra que yo no merezca? ¿Hay desprecio, de que yo no deba ser objeto, con más razón que Jesucristo? y sin embargo, ¿cuál no es mi delicadeza y mi susceptibilidad? ¡Oh ciega soberbia! ¿Qué podemos responder los que meditamos estas verdades? Si no hemos perdido del todo el buen sentido, reconozcamos con sinceridad que se nos guardan demasiadas atenciones. No basta: amemos la humillación, ya que ella imprime en nosotros un rasgo de semejanza con Jesucristo, nuestro señor y maestro.

II. Acabáis de ver los extraordinarios abatimientos, las inconcebibles humillaciones del Corazón de Jesús; consideremos ahora su gloria, que no es menos admirable. Si la sentencia pronunciada por el Salvador divino de que todo aquel que se humilla será ensalzado, es verdadera respecto de los santos, también se verifica, y de una manera más excelente, en el Santo de los santos. Efectivamente: mientras Jesucristo se hace esclavo por nosotros, su Padre le corona como Rey del universo, poniendo a sus órdenes la naturaleza toda. Si los tribunales le hacen comparecer para juzgarle y condenarle, Jesús vendrá un día a juzgar a los vivos y a los muertos. En tanto que los pecadores le aborrecen y blasfeman, el Padre Eterno tiene en él sus complacencias, y le declara Hijo suyo muy querido. Si le dan la muerte de una manera tan indigna como cruel, esa misma muerte se trueca para él en un manantial de gloria, y para nosotros en causa de salvación eterna; y luego millones de mártires le ofrecerán el homenaje de sus vidas, confesando su nombre en medio de los más horribles tormentos. Y si bien los Judíos se muestran satisfechos de haberle sacrificado a su odio, en cambio «le invocan las naciones, y su sepulcro es glorioso» (Is. 11): su nombre objeto de tantas blasfemias, es glorificado sobre todo nombre, teniendo que doblar ante él la rodilla cuanto hay en el cielo, en la tierra, y en el abismo (Phil. 2): hasta sus mismos enemigos finalmente se han postrado a sus pies. Y lo que es aún más admirable, recibirá todos esos homenajes en la divina Eucaristía; porque en efecto, oculto allí bajo las apariencias de pan, ve a los pueblos que postrados a sus pies, le rinden el tributo de su fe y de su amor, indemnizándole los ángeles, cuando los hombres rehúsan tributarle estos honores. Y si esto os parece poco, la eternidad entera tributará bendiciones y alabanzas a Jesús nuestro Salvador. Eternamente los ángeles y los santos harán resonar las celestiales bóvedas, con este himno de triunfo: Digno es el Cordero que ha sido sacrificado, de recibir el poder, y la divinidad… y el honor, y la gloria, y la bendición (Apoc. 5). ¿Quieres tener parte en la gloria de tu Maestro? Pues participa de sus humillaciones. Claramente lo dice san Pablo: «hemos venido a ser como la basura del mundo y la escoria de todos» (1. Cor. 4). Observad como los apóstoles iban gozosos al considerar, que se les había tenido por dignos de padecer ultrajes por el nombre de Jesús (Act. 5). Preguntó el Señor en cierta ocasión a san Juan de la Cruz que recompensa quería recibir por los grandes trabajos que había emprendido por su gloria: Señor, respondió el Santo: padecer, y ser despreciado por Vos: pati el contemni pro te. ¡Oh! ¡Cuán diferentes son mis sentimientos! Lo que yo quiero es ser coronado y glorificado con Jesucristo; pero ni pienso siquiera en beber el cáliz de sus humillaciones. Oh divino Señor, no atendáis a mis repugnancias; dadme parte en vuestro anonadamiento: que todo lo sufriré con gusto, con tal que hagáis mi corazón conforme al vuestro.

Oración

Oh, Jesús, amable Salvador mio, que os habéis hecho hombre y habéis pasado treinta y tres años en esta tierra miserable para enseñarnos el camino del cielo: hacedme la gracia de que honre estos años de vuestra vida, practicando las virtudes de que Vos me dais ejemplo. Enseñadme a imitar vuestro Sagrado Corazón. ¡Oh, Jesús ! ya que sois mi Modelo, mi Maestro, mi Redentor y mi Padre, dignaos alumbrar mi entendimiento, purificar mi corazón, y fortalecer mi voluntad. Gobernad, dirigid y santificad todas mis acciones; enseñadme a hacer buen uso de las potencias de mi alma, y de los sentidos de mi cuerpo. ¡Oh, buen Jesús! estad siempre presente a mi imaginacion; haced que mis labios pronuncien a menudo vuestro adorable nombre; que mi corazón se ocupe sin cesar en vuestro amor; que no desee ni busque más que vuestra Gloria en todas las cosas; que no trabaje ni viva sino por Vos. Esta gracia tambien os la pido para todos los hombres. ¡Cuán pocos son los que os aman sinceramente! ¡Jesús! ¡Oh, buen Jesús! ¡Oh, Salvador mio! ¡Mirad el género humano agobiado bajo el peso de sus miserias, o más bien de sus crímenes! ¡Acordaos de los que habéis querido tener por hermanos! ¡Acabad vuestra obra, teniendo piedad de nosotros! Os lo pido, amable Redentor mio, mi única esperanza, por los méritos de vuestra santa Vida, de vuestra dolorosa Pasión, de vuestra preciosa Muerte, y de vuestra Resurrección gloriosa. Os lo pido por el dulce Nombre que llevais, por vuestro Sagrado Corazón que tanto nos ha amado, y del que os dignáis hacernos entrega para que nos sirva de asilo y de refugio; y para que sea nuestra fortaleza y esperanza, en estos aciagos dias. Os lo pido por la intercesion de vuestra santísima Madre, que lo es tambien nuestra. Os ofrezco con esta intención, mis obras y trabajos de este día, unidos a vuestras obras y trabajos, y sobre todo al adorable sacrificio del Altar, que se renueva a cada instante en una u otra parte de la tierra. ¡Oh, Jesús! oid, escuchad a vuestros hijos, tened misericordia de nosotros. ¡Corazón dulcísimo de Jesús! haced que de cada dia os ame más. ¡Oh, María concebida sin pecado, rogad por nosotros que acudimos a Vos!

Letanías del Sagrado Corazón de Jesús

Señor, ten piedad de nosotros
Cristo, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros
Cristo óyenos, Cristo óyenos
Cristo escúchanos, Cristo escúchanos

Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros
Dios Hijo redentor del mundo,
Dios Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, que eres un solo Dios

Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Padre,
Corazón de Jesús, Formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen,
Corazón de Jesús, Unido sustancialmente al Verbo de Dios,
Corazón de Jesús, Templo Santo de Dios,
Corazón de Jesús, Tabernáculo del Altísimo,
Corazón de Jesús, Casa de Dios y Puerta del Cielo,
Corazón de Jesús, Horno Ardiente de Caridad,
Corazón de Jesús, Santuario de Justicia y de Amor,
Corazón de Jesús, Lleno de Bondad y de Amor,
Corazón de Jesús, Abismo de todas las virtudes,
Corazón de Jesús, Dignísimo de toda alabanza,
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones,
Corazón de Jesús, en Quien se hallan todos los tesoros de la sabiduría
Corazón de Jesús, en Quien reside toda la plenitud de la Divinidad,
Corazón de Jesús, en Quien el Padre halló sus complacencias,
Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido,
Corazón de Jesús, Deseo de los eternos collados,
Corazón de Jesús, Paciente y lleno de misericordia,
Corazón de Jesús, Generoso para todos los que te invocan,
Corazón de Jesús, Fuente de vida y santidad,
Corazón de Jesús, Propiciación por nuestros pecados,
Corazón de Jesús, Saciado de oprobios,
Corazón de Jesús, Hecho Obediente hasta la muerte,
Corazón de Jesús, Traspasado por una lanza,
Corazón de Jesús, Fuente de todo consuelo,
Corazón de Jesús, Vida y resurrección nuestra,
Corazón de Jesús, Paz y reconciliación nuestra,
Corazón de Jesús, Víctima por los pecadores,
Corazón de Jesús, Salvación de los que en ti esperan,
Corazón de Jesús, Esperanza de los que en ti mueren,
Corazón de Jesús, Delicia de todos los Santos,

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
perdónanos, Señor.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
escúchanos, Señor.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.

Oremos: Omnipotente y Eterno Dios, inclinad vuestros ojos hacia el amabilísimo Corazón de vuestro Hijo: mirad las alabanzas y la satisfacción que Él os ofrece en nombre de todos los pecadores, y aplacado por Él conceded el perdón a los que os le imploran en nombre del mismo Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos vive y reina en unidad del Espiritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

Jesucristo, Señor nuestro, que a nadie rechazáis, y que abrís vuestro Corazón a los pecadores contritos, tened misericordia de los que invocan vuestro Santo Nombre; atended a las súplicas de vuestros siervos que desean adoraros en espíritu y verdad, y haced que todos los que viven unidos con el vínculo de una misma sociedad, para dar culto a vuestro sagrado Corazón, en cualquier parte del mundo que estén, gocen de los mismos beneficios de vuestra Misericordia, y merezcan alegrarse en Vos, que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.

Acto de Consagración

Oh Jesús, Salvador y Dios mio; postrado humildemente en vuestro acatamiento, yo me entrego del todo a vuestro Divino Corazón en agradecimiento de todos los beneficios que habéis dispensado a los hombres, y particularmente de la inestimable merced que nos habeis hecho, quedándoos con nosotros en el Santísimo Sacramento del Altar. Quiero dedicarme a dilatar la Gloria de este Corazón adorable, a fin de reparar en cuanto de mí dependa, los ultrajes que os han hecho y os harán los pecadores hasta el fin del mundo. Mi voluntad es satisfacer, con este espíritu de gratitud y de reparacion, por todas mis obligaciones. Aceptad, oh Corazón Sagrado, todos mis pensamientos, mis deseos, mi voluntad, mi memoria, mi libertad, mis obras, en una palabra, toda mi vida. Recibid mis padecimientos y adversidades: yo me entrego a Vos para siempre. No puedo ofreceros más, ojalá fuese yo dueño de los corazones de todos los hombres, para poder presentároslos gozoso en homenaje. Señor, todos los instantes de mi vida os pertenecen, y todas mis acciones son vuestras; no permitáis haya en ellas ninguna cosa que las haga indignas de vuestro adorable Corazón, antes bien haced que las comience, las continúe, y termine por vuestra gracia, y con la sola mira de agradaros y serviros; a este fin las uno a las vuestras, y deseo tener las disposiciones santas y divinas de que vuestro Corazón estuvo siempre animado. Oh, Jesús mio, reinad en mí como Soberano Dueño : haced que yo dependa enteramente de Vos, y que todo mi cuidado sea imitar vuestro adorable Corazón, y que en Él encuentre el modelo perfecto de la santidad, mi fuerza, mi asilo, mi consuelo y esperanza. Amén.

Acto de Desagravio

Oh, Corazón amantísimo de mi Salvador: penetrado del más vivo dolor a vista de las ofensas que habeis recibido y recibís aun todos los dias en el Sacramento del Altar, me postro en vuestra Presencia para desagraviaros de ellas. ¡Ojalá, pudiera yo, con mi veneracion y mi respeto, reparar completamente vuestro Honor menospreciado! ¡Ojalá, me fuese dado borrar, con mis lágrimas y hasta con mi sangre, tantas irreverencias, tantas profanaciones, tantos sacrilegios como contra Vos se cometen! ¡Ojalá pudiera suplir, con llamas de encendido amor, la frialdad y criminal indiferencia de tantos malos cristianos! ¡Oh! ¡Cuán bien empleada estaría mi vida si lograse darla por tan digno motivo! ¡Otorgadme, oh Dios mio, el perdón que imploro de Vos para tantos impíos que os blasfeman; para tantos infieles que os desconocen; para tantos herejes y cismáticos que os deshonran; para tantos católicos ingratos que profanan el Misterio de vuestro Amor; y finalmente para mí, que con tanta frecuencia os he injuriado! Acordaos, oh Jesús, que vuestro Sagrado Corazón, oprimido por el peso de mis culpas se entristeció hasta la muerte, y no permitáis que vuestra Pasión y vuestra Sangre derramada sean inútiles para mí. Trocad mi corazón delincuente, y dadme otro conforme al Vuestro. Dadme un corazón contrito y humillado; un corazón puro y sin mancha; un corazón consagrado a vuestra Gloria, y víctima de vuestro Amor. Por mi parte, Dios mio, os prometo reparar en lo sucesivo tantas irreverencias y sacrilegios con mi modestia en el templo, con mi solicitud en visitaros, con mi devocion y mi fervor en recibiros. Dignaos, Señor, concederme esta gracia, aumentando mi amor hacia Vos, y mirando con agrado el deseo y la resolución que me habeis inspirado Vos mismo. Amén.

Lectura del día

Imitación de Cristo, lib. III, cap. 10

ACTO DE CONSAGRACIÓN A LOS CORAZONES DE JESÚS Y MARÍA.

Oh, Corazón adorable de mi amado Jesús, Trono de todas las virtudes, Manantial inagotable de todas las gracias, ¿qué habeis visto en mí que así os empeñasteis en amarme con tanto exceso, mientras que mi corazón, afeado con mil pecados, no ha tenido para con Vos sino tibieza, insensibilidad y olvido? ¿No bastaba, oh Salvador mio, haberme redimido a costa de tantos trabajos y sudores y de vuestra misma vida, que no contento con esto imaginasteis nuevos medios de manifestarme vuestro tierno Amor, instituyendo la adorable Eucaristía para alimentarme con vuestra propia Sustancia, ofreceros cada día como Víctima de Expiacion por mis pecados, y ser de continuo mi Fiel Compañero durante esta mortal peregrinación? ¡Ah! Señor, ¿de qué modo podré yo corresponder a unos testimonios tan evidentes de la ternura de vuestro Amor para conmigo? Aceptad, por lo menos, oh mi amable Salvador, el deseo que tengo de consagrarme del todo a la Honra y Gloria de vuestro Sagrado Corazón.

Yo os hago libre y espontáneamente donación y entrega de mi persona y mi vida, de mis acciones, trabajos y sufrimientos, deseando ser una víctima ofrecida a vuestra Gloria, ahora abrasada y algun día del todo consumida en las Llamas sagradas de vuestro Amor. Para Vos solo, hicisteis mi corazón, vuestro será en adelante: a Vos se dirigirán todos sus sentimientos y afectos: desde este momento pondré todo mi empeño en que mis deseos sean conformes a los deseos de vuestro Corazon adorable. ¡Oh, mi Dios! ¡Cuán grandes son para conmigo vuestras Misericordias! ¿Y quién soy yo para que os dignéis aceptar el sacrificio de mi tan indigno y miserable corazón? Recibidle, Señor, tal cual es, atendiendo no a la pobreza del don, sino a la sincera voluntad con que os le ofrezco. Enriquecedle Vos con vuestros Divinos Dones y gracias para que os sea mas agradable. Hacedle puro, generoso, mortificado y humilde como el Vuestro, y ahora y siempre sumiso a vuestra Santísima Voluntad.

Y Vos, oh Corazón Purísimo de María, entre todas las puras criaturas el mas adornado de gracia y santidad, Espejo perfectísimo en que resplandecen en sumo grado todas las perfecciones del Corazón de Jesucristo, vuestro Hijo, pedidle tenga por bien de recibir con agrado y bendecir este mi humilde ofrecimiento. Sed Vos misma, oh Madre amantísima, la ejecutora de esta mi voluntaria donación. Y, pues, vuestro purísimo Corazón está tan inseparablemente unido al de Jesús, que sus bienes son los vuestros, y unos mismos son los deseos e intereses de ambos, tomad Vos tambien como cosa y posesion vuestra este mi pobre y mezquino corazón.

Oh, Corazones amabilísimos de Jesús y de María, logre yo la dicha de no apartar jamás mis pensamientos de tan dulces objetos: sed para mí como dos fortalezas inexpugnables que defiendan mi corazón a derecha e izquierda de las asechanzas de mis enemigos interiores y exteriores, visibles e invisibles, para que pasando con seguridad por entre las cosas prósperas y adversas, llegue felizmente al puerto deseado.

Dilatad los senos de vuestra Misericordía, y compadeceos de mis miserias y de las de todos mis prójimos. Mirad las tinieblas de los infieles, la ceguedad de los herejes, el peligroso y lamentable estado de los pecadores, las lágrimas y aflicción de los justos. Dad, oh Sagrados Corazones, a la Iglesia el triunfo tan deseado para Gloria vuestra, y bien de tantas almas, que sin un pronto remedio se perderán para siempre. ¡Oh, Corazón amante de Jesús! ¡Oh tierno y compasivo Corazón de María! unidnos a todos en unos mismos sentimientos de fraterna unión y caridad, de odio al pecado, de humilde sumisión a la Santa Iglesia, y de deseos de vivir en todo sujetos a vuestra voluntad, para crecer cada día mas en vuestro Amor, y lograr la dicha de alabaros y bendeciros por toda la eternidad en la Gloria. Amén.

ANTÍFONA.

Alégrese tu Corazón, oh Maria, en Dios tu Salvador, porque le ha engrandecido el que todo lo puede.
-. O Maria inmaculada, dulce y humilde de Corazón.
-. Vuelve mi corazón semejante al de Jesús.

ORACIÓN.

Clementísimo Dios, que para salvación de los pecadores y consuelo de los desgraciados quisisteis enriquecer al purísimo Corazón de la bienaventurada Virgen María con los sentimientos de Caridad y Misericordia tan conformes a los del Divino Corazón de Jesucristo, vuestro Hijo, conceded a todos los que honramos a este dulcísimo y amantísimo Corazón, que por los méritos e intercesión de la misma Virgen Sacratísima nos halléis conformes al Corazón de Jesós. Os lo pedimos por el mismo Señor Jesucristo, que con Vos vive y reina en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.