Budismo

Budismo

Buda es una palabra sánscrita que significa «iluminado», sobrenombre de Siddharta Gautama, nacido al norte de la India, vivió en el s. VI a.C. Pertenecía a la segunda casta, la de los gobernantes y de los militares. En torno a los 28 años de edad, casado y con un hijo, lo dejó todo (familia, posesiones) y se hizo sadhú o asceta hindú. Llevó una vida tan austera y sacrificada durante seis años que casi se muere de hambre. Por ello, tras abandonar este modo de vida, y de pasar 49 días al píe de un árbol, consiguió la «iluminación». Desde ese momento dejó el hinduismo y se dedicó a predicar su experiencia y doctrina, dando lugar al budismo. Según la secta Gran fraternidad blanca (usmaliana), Buda sería una de las encarnaciones de Dios Hijo. En época tardía, sobre todo en el budismo mahayánico, los hombres y los dioses ofrecen cosas a Buda y le rinden homenaje. Los dioses, que propiamente no son dioses, sino que están en camino para serlo, lo hacen porque necesitan de la enseñanza de Buda para lograr la Iluminación.

El budismo es un conjunto de tradiciones budistas, cada una con su filosofía. Se conocen al menos 100 sectas de origen e impronta budista que han saltado a Europa desde Japón a través de USA, especialmente después de la II Guerra Mundial.

El budismo es una rama desgajada del hinduismo, que es una religión ancestral de la India, llamada Sanatana Dharma (en sánscrito, eterno-orden/ley), marcada por el politeísmo, eclecticismo y el sincretismo. El budismo no es considerado por los budistas como religión, sino como un camino, un sistema agnóstico, en el cual se quiere llegar, a través del no-conocimiento, negando la razón, negando la existencia del alma, a un equilibrio, a una armonía, a la ecuanimidad y serenidad vital.

Las distintas sectas budistas filosofan sobre este agnosticismo, cayendo en una perversión de la inteligencia humana, no sólo en un gran desorden de ideas, sino en una abominación en el arte de razonar, pues el pensar sin lógica conduce a la creación de una lógica que no tiene ni pies ni cabeza. La lógica es el arte de la razón misma que lleva al conocimiento de la verdad, a descubrir la verdad. Sin lógica, la razón se pierde en el desorden de las ideas y cae en innumerables errores. Nunca el budista podrá llegar a la verdad ni a dar el sentido a la vida porque no lo persigue con su razón. Es la verdad objetiva la vela de la razón, el norte de la vida. Si se niega la razón, se niega la verdad, como hace el budismo, y se construye una vida sin ningún sentido, ni espiritual ni humano, fundamentada sólo en el subjetivismo, en lo irracional y en lo perverso.

Buda, para los budistas, es aquel que ha conseguido la plenitud de la buddhi o Conocimiento, o Iluminación. Esta Iluminación es un acto de conocimiento, es la manifestación más excelsa del Conocimiento, de la Inteligencia, de la Conciencia, en que la realidad se presenta en su absoluta totalidad. Pero este acto de conocimiento no procede de la lógica humana, de una verdad que hay que alcanzar de manera ordenada, dialéctica, sino que se despierta a la verdad, se es un iluminado, se conoce, cuando se pone la mente en blanco, cuando se deja de razonar, cuando la razón es sólo un medio para alcanzar algo más en la vida. Este acto de Conocimiento no procede del conocimiento racional, de la lógica del razonamiento humano, de un concepto verdadero.

Ellos no siguen al Espíritu de la Verdad, que es el que lleva a la mente del hombre a la plenitud de la verdad, sino que siguen un estilo de vida en donde se cae en la cuenta de que todo es duhkha, es decir, todo lo sensorial o perceptible por los sentidos es fugaz, efímero. Ellos son vitalistas y se colocan en el plano de lo contingente.

La duhka es el dolor, el sufrimiento, pero no se trata de un dolor determinado, ni físico, ni psíquico, sino más bien metafísico. En el ser humano hay dolor, está en su ser la flecha de la duhka, la flecha del ser y no ser, del depender de otro para lograr la permanencia en el ser, en la verdad, en la felicidad, en la paz, para conseguir la armonía. Y es posible que este dolor cese. El budismo quiere encontrar este camino, un camino complejo de ocho dimensiones, las cuales llevan a la cesación del dolor, al sosiego de los deseos, a la armonía vital.

El camino, para los budistas, que acaba con este dolor no es la Verdad, que es una Persona Divina. Buda no va en busca de Dios como Verdad Absoluta, como Ser necesario y Absoluto para su vida, pues no admite que Dios exista, sino que se inventa el camino de la Gran Compasión o Mahakaruna, en el cual se padece conjuntamente con todas las cosas que existen sin hacer ningún tipo de discriminación. Es un cierto panteísmo: padecer con todas las cosas, haciendo un uno con ellas, para darles sentido en el ser, para que no sean no ser, para que alcancen el ser, para que dejen de ser fugaces y efímeras.

Es buscar la paz en medio de este mundo partiendo de cuatro verdades: existe el sufrimiento, tiene un origen, puede cesar, y existe un camino para salir de él.

El budista no se abraza a su sufrimiento ni lo usa para descubrir la Voluntad de Dios en este mundo, no es asceta, no usa medios de mortificación ni de penitencia para llegar al sentido de la vida, sino que pretende, en esta vida, no sufrir, es decir, llegar a una felicidad plena, a una armonía vital con él mismo y con toda la creación. Niega, por lo tanto, la existencia del pecado y de la Obra de la Redención, que es el camino para entender el sufrimiento en esta vida. El budista no puede entender que fruto del pecado aparece el sufrimiento. Y si no se resuelve el problema del pecado, no se puede quitar el problema del sufrimiento.

«Es necesario evitar estos dos extremos… Uno de ellos es buscar y desear el placer. Viene de lo afectivo, es vulgar, es innoble, no lleva consigo ningún provecho, conduce al renacer. El otro extremo es la búsqueda del ascetismo, de lo desagradable, del sufrimiento, de la renuncia, y es del mismo penoso y sin provecho. El Tathagata evita estos dos extremos y camina por un sendero del medio, que es un camino luminoso, bello e inteligible; es un camino de serenidad, que lleva a la paz, al conocimiento, a la Iluminación, al Nirvana» (Obras de Buda).

La Cruz de Cristo, la práctica ascética, para Buda, no tiene ningún sentido. Lo único que tiene sentido es «el Camino del Medio», el cual se fundamenta en tres verdades:

«… la Noble Verdad del dolor (dukha): el nacimiento es dolor, envejecer es doloroso, la enfermedad es sufrimiento, la muerte es dolorosa, el contacto con lo desagradable es doloroso, no tener lo que se anhela causa dolor, los khandhas (cinco componentes del hombre) son dolor…

… la Noble Verdad del origen del dolor: la sed, el deseo que lleva a buscar el placer, que desencadena la pasión, y que busca la satisfacción aquí y allí, la sed de placer, el deseo de existir y el de no existir…

… la Noble verdad de la cesación del dolor: la supresión completa de la sed, su destrucción, olvidándola, abandonándola, liberándose y manteniéndose alejado de ella…

… la vía que conduce a la extinción del dolor: es el Noble Óctuple Camino (camino de ocho miembros) … » (Ib.)

Los ocho miembros de este camino son: «la visión correcta, la intención correcta, la palabra correcta, la acción o conducta correcta, los medios o género de vida correctos, el esfuerzo apropiado, la atención tal como debe ser, y la concentración necesaria» (Ib).

Lo correcto pertenece al verdadero Conocimiento o Iluminación. Lo correcto no es una definición de la razón humana, no es un concepto que tenga un fundamento en la realidad. La razón humana sólo da ideas que sirven como medio, no define conceptos, no penetra la realidad, no se asienta en ninguna verdad. La razón humana sirve para crear conceptos o un lenguaje que apoye la irracionalidad propia del budismo.

El budismo da valor a un Conocimiento constituido por la Iluminación. Todo en la vida es llegar a poseer ese Conocimiento que ubica al que lo posee en el plano transcendente de los seres superiores. El budismo es la religión de la Iluminación, de ese Conocimiento en su forma más intensa y pura, pero desligado de la verdad racional.

Este Conocimiento, -para ellos el único verdadero, el que da la verdad de la realidad, que constituye la perfección del conocimiento-, está centrado en la idea de la vaciedad, es decir, de la insustancialidad universal. En el Universo no hay seres, no hay sustancias, todo es un no ser, algo que aparece y desaparece. Las tesis revolucionarias del budismo son: la insustancialidad de todo, la inexistencia de Dios y la inexistencia del alma. Si nada existe, ni siquiera la mente, ¿cómo se llega a la existencia, cómo se permanece en el ser, dónde está el verdadero conocimiento, cómo se conoce sin la razón humana? Si se niega que Dios exista, entonces el hombre se pone como dios, pero como un dios que tiene que alcanzar su perfección en la vida, su endiosamiento, su divinidad, su forma de ser divino, de estar en lo divino, de permanecer en lo divino. Y, por lo tanto, la salvación, para el budismo, es llegar a ser, es alcanzar la permanencia en el ser, sin depender de nada. Es llegar a ser dios. Es el «seréis como Dios» de la serpiente en el Paraíso. Los budistas adoran al demonio.

El budista se esfuerza por alcanzar el grado máximo del conocimiento, la Iluminación, para convertirse en Buda, en un iluminado dotado de eximias cualidades y atributos, el cual habitará en su mundo de Buda, Buddhaksetra, que es un magnifico paraíso donde guiará a otros seres hacia la Iluminación. Ellos son dioses que van a crear otros dioses.

Buda busca el nirodha, es decir, el cese del sufrimiento cesando la corriente mental, el río del pensamiento. La razón, para Buda, es la que distrae y no permite que el hombre disfrute de la verdad de la vida, del verdadero conocimiento, de la Iluminación, de la Conciencia Universal. La razón es un simpe medio, un mero sadhana, no es un fin en la vida del hombre, no tiene en sí mismo su propio fin, no se asienta en la verdad, no busca la verdad, no penetra la realidad de las cosas, no define la realidad, sino que sólo sirve para obtener algo externo a ella, diferente y superior. La verdad de la vida no se alcanza con la razón humana, sino que está en suprimir, en acallar, en poner en blanco la mente del hombre. Por eso, los budistas son agnósticos. No se puede alcanzar el Paraíso si la razón del hombre no descubre la verdad del Paraíso. No se puede llegar a la verdad del conocimiento si el hombre niega su propia alma, en donde está la potencia de su entendimiento, el poder para conocer. No se puede llegar a ser dios si el hombre niega con su razón que Dios exista. El budista quiere llegar a la verdad sin la verdad. Construye una fábula como vida, algo que no tiene fundamento en la realidad.

El budista aspira a librarse de la duhka para lograr el nirvana o aniquilación del deseo de lo sensorial en esta vida. Desear lo efímero, lo sensible, el placer, es quedarse en el vacío de la vida, en una vida sin sentido, en una existencia que no existe (Buda dejó su matrimonio y su riqueza para buscar su propio ser, su propia existencia, su nirvana, su paraíso, su propio conocimiento sin fundamento en la realidad de la vida. Tuvo un hijo y esa obra no dio sentido a su vida).

Buda estuvo tan absorto en arrancarse la «flecha del duhka, clavada en su ser» que construyó su teoría de la mente o mana, en la cual sigue la mente del espíritu diabólico, que es el que enseña a conocer sin el apoyo de la razón humana, sin el orden o dialéctica de la razón. Enseña a perderse en el conocimiento y a fabricar una existencia sin consistencia.

La razón es la verdad, ha sido creada por Dios para conocer la verdad y para asentarse inamovible en esa verdad. Cuando los hombres dejan de buscar con su razón la verdad, que es Cristo, entonces se meten por caminos complicadísimos en sus entendimientos humanos, que no tienen salida y que hacen de la vida una complicación, una oscuridad y una total perversión de sus ideas.

En este sistema:

  1. No se ora, sino que se medita (samādhi o bhavana) en cuanto introspección capaz de producir el vacío interior o reconcentración no dirigida a nadie. Es el cultivo de la mente.
  2. No se cree en Alguien ni en Algo hacedor del Universo y fin del hombre, a no ser en el Nirvana, especie de cielo sin Dios ni ángeles. Los budistas creen en dioses, que lo son sólo de nombre, ya que son perecederos como los hombres, sometidos a la cadena de reencarnaciones y, para colmo, no pueden dar la salvación nirvánica, sino sólo lo que un budista no puede pedir: riquezas, placeres, etc. El hombre perfecto en su mente puede convertirse en un ser divino o deva en una existencia posterior.
  3. No se admite la existencia del alma o principio espiritual e inmortal del hombre, el cual queda reducido a un conglomerado de fenómenos bioquímicos y psíquicos en cambio continuo.
  4. Todo está fundamentado en el esfuerzo personal, sin la ayuda de la gracia divina, la cual es un mito para ellos.
  5. Las propias vivencias son para cada uno el criterio supremo tanto de verdad como ético o de comportamiento: están por encima del conocimiento que puede alcanzarse por medio de los sentidos, de la razón, de la fe, de los libros sagrados, cayéndose en el subjetivismo e irracionalismos más absolutos.
  6. Admite la reencarnación de las almas, la reiteración periódica de los ciclos cósmicos, el evolucionismo regresivo o emanacionismo a la hora de explicar el origen del universo y del hombre, pero sin la intervención de lo Uno-Todo (panteísmo hindú) ni de ninguna divinidad.
  7. No tienen sacramentos, sino ceremonias o samskaras, destacando la iniciación o Jukai, en la cual se formaliza la entrada al camino del Buda, que incluye una ceremonia de arrepentimiento breve, cantos, ofrenda de incienso, toma de los tres refugios, las tres resoluciones generales y sus preceptos cardinales. Si un católico dice que se ha bautizado en el budismo, como es el caso de Arturo Sosa, quiere decir que ha formalizado este rito. Y, por tanto, deja de ser católico. Está fuera de la Iglesia Católica al profesar formalmente una herejía. Quien realiza esta ceremonia hace un voto, el voto de orientar su vida hacia los preceptos de Buda: tiene que seguir el credo budista y, por lo tanto, reniega de cualquier otro credo que haya profesado anteriormente. Y recibe un nombre nuevo. No se puede ser católico y budista al mismo tiempo. Es una contradicción creer dos cosas al mismo tiempo: creer que no existe Dios y creer en el Dios católico, en la Santísima Trinidad. No se puede seguir la doctrina de la no existencia del alma y caminar en la Iglesia buscando la salvación del alma. No se puede decir que se busca el amor que ordena todo el Universo sin la existencia de Dios, sin una verdad objetiva, que pretende compadecerse de todas las cosas y no discriminarlas,  y después recibir los Sacramentos viviendo un amor divino que exige una ley, que busca un orden, una amonia, en el hombre y en el Universo contrario a la doctrina de los budistas.

 

Sectas