Creencias y doctrina

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Creencias y doctrina

Los masones suelen decir que la masonería no es una doctrina, sino un método que permite el libre pensamiento y la libre discusión de cualquier problema con tal que se respete el parecer de la mayoría y que todo es discutible menos el método mismo.

Esta concepción descubre la base de la doctrina y creencias masónica: el relativismo. A saber, no existe nada absoluto e inmutable (verdad, error, pecado, norma ética-moral, etc…). Más aún, tampoco interesa la verdad ni el bien moral en sí mismo; lo realmente importante es su búsqueda.

Por eso, el masón rechaza cualquier verdad dogmática, la moralidad objetiva, etc., así como las instituciones dogmáticas. Afirman que, de éstas, la Iglesia católica es la más representativa.

Pero, aunque la base sea el relativismo, la raíz de la doctrina de la masonería es la dictadura del relativismo, es decir, el control del lenguaje, el secreto del lenguaje, la manipulación de las mentes a través del lenguaje; en otras palabras, la imposición de una regla, de un método absoluto, de un dogma que nadie puede tocar.

El relativismo en sí es incompatible:

  1. con la división de la masonería regular e irregular y con la expulsión de quienes no respetan «la regla, lo oficialmente reglado»;
  2. con los landmarks (=mojones, marca, lindes), que señalan el terreno propiedad de cada uno, en este caso «lo propio, específico» de la masonería, principios vigentes desde tiempo inmemorial, que todo masón está obligado a guardar bajo penas graves. Cuando en 1947 se reunieron en Uruguay 51 potencias masónicas iberoamericanas y manifestaron su intención de constituir una Confederación Masónica Latinoamericana, intervino inmediatamente la «Serenísima Gran Logia Unida» de Inglaterra, «tutora del mundo masónico», para rechazar las conclusiones de Montevideo. He aquí la primera de sus indicaciones: «No está dentro del poder de ningún hombre o grupo de hombres alterar o introducir modificaciones en los principios fundamentales de la Masonería Original, so pena de dejar de ser masones»;
  3. con su misma absolutización o conversión del relativismo doctrinal y metodológico en realidad y principio de vigencia perenne. De ahí que ellos distingan entre «religión» y «religiones». Y sostienen la «religión» o lo básico y común a todas las religiones no porque sea connatural a la naturaleza humana, sino por respeto de lo mayoritario, universal. En cambio, marginan «las religiones» o las distintas religiones concretas, mucho más cualquier religión revelada, más aún la cristiana y hasta la simple mención del Nombre de «Jesucristo». «La religión», o lo común a todas las religiones, es la que puede ser enseñada en las escuelas en lugar de «una religión determinada», y sobre todo de las dogmáticas.

Los masones usan el relativismo para imponer su método, su principio perenne. Por eso, exigen una obediencia ciega a este método. Esclavizan a la persona a un lenguaje del cual no pueden salir. Son justos si usan ese lenguaje, si se mueven en ese lenguaje metódico; pero se convierten en criminales si van en contra de ese lenguaje. No se les permite ir en contra del método, que es intocable. El sectario ha perdido su libertad al estar manipulado por el método, por un lenguaje humano creado para sustentar el método masónico.

Los masones de todos los tiempos suelen decir que la masonería no es una religión, sino un talante y comportamiento compatibles con cualquier religión, y que los masones son «religiosos». Esto es una mentira bien promulgada.

La masonería es una religión; religión en el sentido propio de este término es la masonería regular, la irregular en un sentido más amplio.

Religión en un sentido estricto es un conjunto de creencias (verdades), de celebraciones (ritos) y de normas ético-morales (mandamientos, consejos), por medio de las cuales el ser intelectual reconoce, en clave simbólica, su vinculación con lo divino o con lo misterioso o transcendente/inmanente en su doble vertiente subjetiva (interior, sentido de dependencia, etc.) y objetivada o exteriorizada (gestos corporales, edificios-templos, altares, objetos de culto, etc.).

Religión en sentido amplio es una realidad o institución en la que hay un sistema de verdades que hay que creer, un conjunto de normas ético-morales que hay que cumplir y una serie de ritos que hay que celebrar con tal que se acepte una cierta transcendencia y supervivencia del hombre o alguno de sus elementos constitutivos tras la muerte.

La masonería no es sólo una religión, sino que cree que está por encima de todas las religiones y que es más que una religión, es «la religión universal, eterna e inmutable» (palabras de Albert Pike, fundador del Pike/Ritus masónico, en su obra monumental Morals and Dogmas ot the Ancient and Accepted Scottish Rite of Freemasnary, 1966, p. 219; en la 213 afirma: «Cada logia masónica es un templo de la religión y sus doctrinas y enseñanza son religión»).

La masonería, coherente con su método e ideología, prescinde de la moral evangélica y se queda con la llamada «moral civil, independiente, libre», o sea, la racional, al alcance de cualquier hombre, pero relativizada y adaptada a la circunstancialidad socio-cultural de la sociedad civil en cada momento histórico. Se queda con una «moral» manipulada por ellos. Crean una «bondad humana» nueva, una «justicia humana» nueva, que es totalmente perversa y demoniaca.

Por eso, la masonería es la promotora del laicismo, o sea, de la reclusión de lo religioso y de las religiones concretas (verdades, moral, celebraciones, etc.) en el foro de la conciencia y dentro del templo y sacristía.

Desde el punto de vista ético-moral, la masonería es «autónoma», no «teónoma»; es decir, desplaza a Dios como fuente de moralidad, y en su lugar entroniza al hombre, a la humanidad.

Llaman «intolerante» al que trata de ser coherente con su fe y de actuar en sintonía con sus creencias religiosas en el ámbito de su trabajo profesional: político, sindical, cultural, manuela, etc.

De ahí su influjo en el Anticult Movement o Movimiento Antisectas, el cual afirma ocuparse exclusivamente de comportamientos (deeds) y no de doctrinas (creeds), y ataca como “sectaria” cualquier forma de experiencia religiosa que desde un punto de vista cuantitativo resulte más intensa de lo que el secularismo moderno está dispuesto a tolerar. Considera a estos grupos religiosos como “cultos destructivos de la personalidad” y reclama del Estado que emplee todas las medidas represivas a su alcance para evitar que proliferen. Para este movimiento, la Iglesia católica es considerada como secta, ya que ellos definen la palabra “sectario” como aquella persona o institución que no acepte el relativismo y se obstine en creer que existe una verdad en el terreno religioso.

Por su laicismo, la masonería participó activamente en las campañas de los años 30 en España en favor del matrimonio civil, divorcio, secularización de los cementerios, supresión de las órdenes religiosas, etc., su defensa no de la «libertad de enseñanza» (libertad de los padres a enviar a sus hijos menores de edad a un centro escolar de un ideario concorde con sus creencias y deseos), sino de la «libertad de cátedra», llamada también «escuela-formación omnilateral o laica», o sea, que cada profesor pueda impartir la enseñanza que desee al margen de un posible ideario del centro y de la edad de los alumnos.

La masonería actualmente sostiene el divorcio, el aborto, el control demográfico de la natalidad, la manipulación genética, la ideología de género, el sincretismo religioso.

La masonería aspira a la perfección de cada individuo o masón. En el rito de iniciación de su primer grado se compara al candidato con un bloque de piedra tal como está en la logia o templo, a saber, sacado de la cantera, que debe ser devastado y tallado golpe a golpe para poder ser utilizado en la construcción o como escultura.

Se trata de crear un hombre nuevo, desarrollando todo el potencial humano sin aspiración y sin la ayuda de lo transcendente, sobrenatural, mediante el solo esfuerzo personal, la colaboración de la comunidad fraternal, la formación recibida en las «tenidas» (=en los «trabajos» que realizan para la perfección humana) y sobre todo de la acción cuasi-sacramental de los ritos masónicos. En el plano colectivo aspiran a la implantación de un «Orden nuevo», el «Nuevo Orden Mundial».

Para crear este hombre nuevo, han desarrollado su proyecto de «ingeniería social».

En este proyecto, el caballo de batalla es la educación y la familia. Se trata de captar el alma de los jóvenes. En España apareció la Institución Libre de Enseñanza (ILE), que defendían la libertad de cátedra y se negaban a ajustar sus enseñanzas a cualquier dogma oficial en materia religiosa, política o moral. Fue el laboratorio masón de la época en España. Hoy día es el Instituto Bartolomé de las Casas el que lleva este proyecto.

La educación moral de los hijos pasa al estado: «Hay que eliminar de las legislaciones nacionales toda referencia a los derechos y deberes de los padres en materia de educación, reproducción y sexualidad de los hijos menores» (“Encuentro de Comités de los Tratados, sobre la aplicación de los Derechos Humanos a la Salud Reproductiva y Sexual”, realizado en Ginebra del 25 al 27 de junio de 2001).

Hay que difundir la ideología de género haciendo que los gobiernos se adhieran a la lucha contra la «homofobia» y la «transfobia», realidades que no existen, pero que hay que crearlas inventándose las palabras, el lenguaje, el método, la regla nueva. Si no se crea la palabra, no se tipifica la actitud o la conducta.

«Homofobia» es hablar diciendo que el matrimonio homosexual no es matrimonio. Este hablar así ya es penado en algunos lugares, pudiendo ir a la cárcel o tener graves problemas ante la justicia.

«Transfobia»  es no aceptar la «vida» de las personas transgénero o transexuales, discriminarlas, cayendo en un delito de odio contra ellas. Decir que la homosexualidad se puede tratar como una enfermedad o como una patología, o que el homosexual tiene que ser liberado del demonio que tiene con un exorcismo, es delito de odio y merecedor de cárcel.

El masón quiere colocarse la medalla de demócrata, tolerante, pero juzgando, a quienes no acepten su lenguaje, su manera de hablar, su dogma, como integrista, antisocial, pervertido y criminal.

La raíz de la doctrina masónica es el control del lenguaje, para que su método, su regla, su principio  quede inalterable, no sea violado por ninguna mente humana. (cf. Alfonso López Quintas, La manipulación del lenguaje).

Naciones Unidas tiene en marcha dos proyectos para imponer una religión universal: la Carta de la Tierra y la Ética Planetaria (cf. Poder global y Religión universal, Juan Claudio Sanahuja).

La Carta de la Tierra es un proyecto, supuestamente para preservar la ecología del mundo, pero que en realidad es un manifiesto panteísta, una adoración de la «madre tierra», lo que llaman la Pachamama o Mama Pacha, la diosa tierra (se ve en el cine como películas como Avatar, Noe…). Gorbachov fue quien escribió el prólogo de la Carta de la Tierra, el cual dice: «que este documento aspira a sustituir a los diez mandamientos». Para eso, hay que crear una nueva ética, que al final lo que importa es la ecología, el respeto a la naturaleza, la veneración  y culto a la madre tierra.

La Ética Planetaria es el gran proyecto sincretista, que significa negar o rechazar cualquier religión positiva, especialmente las reveladas, destruyéndolas, y crear un consenso espiritual.

Para conseguir este consenso hay que renegar de todos los dogmas, de todas las creencias, de todos los ritos o celebraciones, con el fin de alcanzar un acuerdo mutuo: es la búsqueda de un lenguaje que abarque a todas las creencias, un lenguaje en que todos estén de acuerdo: los budistas, los judíos, los musulmanes, los cristianos, los católicos, etc… No es tanto el ecumenismo. El ecumenismo es sólo un paso en la búsqueda de este consenso, de este acuerdo global, en las mentes de los hombres. Esto es imposible de hacer si no se impone oficialmente este lenguaje creado en la mente humana -el cual no existe en la realidad, y no pude darse en la realidad- a todas las religiones.

Es imposible buscar lo común a todas las religiones, porque no hay tanto común. Mucho es lo que separa una religión de otra.

Quieren imponer una sociedad demencial, en donde el matrimonio sea cualquier cosa, ya una unión humana de dos o más personas, o una unión de una persona con un animal o con un objeto; y la familia, por tanto, sea sólo lo que el hombre conciba en su mente.

En la dictadura del relativismo se relativiza todo, incluyendo los principios morales, éticos, religiosos, etc., y, por lo tanto, ya nada es verdad, todo es cuestionable. No hay verdad ni hay nuestras verdades. Como nada es verdad, entonces ya no hay que obstinarse en defender cualquier principio, un dogma, y ya se puede renunciar a la verdad absoluta y a mis verdades.

Es necesario manipular las mentes de los hombres, crear un lenguaje que todos acepten, para que los hombres dejen sus verdades  y sus formas de pensamiento. Se trata de crear una mentalidad nueva, una nueva forma de pensar, en la que todo se cuente al revés de lo que es en la realidad, en la que los hombres hablen la mentira, aunque conozcan en sus mentes la verdad. A los masones, el relativismo les es utilísimo para conseguir su fin.

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